Diálogo con Trifón 117
Comentario a la profecía de Ml 1:10-12, la eucaristía
Dios, por tanto, es testigo de que le son agradables todos los sacrificios que le son ofrecidos en nombre de Jesucristo, los sacrificios que este nos mandó ofrecer, esto es, los de la Eucaristía del pan y del vino, que los cristianos celebran en todo lugar de la tierra. Por otro lado, Dios rechaza los sacrificios que vosotros le ofrecéis por medio de vuestros sacerdotes, pues dice: “No recibiré de vuestras manos vuestros sacrificios, porque desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, mi nombre es glorificado en las naciones y vosotros lo profanáis”.
Aún hoy continuáis diciendo obstinadamente que Dios afirma que no recibiría los sacrificios que le eran ofrecidos en Jerusalén por los israelitas que en aquel tiempo la habitaban; mas que aceptaba las oraciones que le hacían los hombres de aquel pueblo que se encontraban en la dispersión. Y esas oraciones es que son llamadas de sacrificios. Concuerdo que las oraciones y acciones de gracias hechas por hombres dignos son los únicos sacrificios perfectos y agradables a Dios.
Son justamente apenas esos que los cristianos aprendieron a ofrecer en la conmemoración del pan y del vino, en la cual se recuerda la pasión que el Hijo de Dios sufrió por ellos. Sin embargo, vuestros sacerdotes y vuestros maestros hicieron con que el nombre de él fuese profanado y blasfemado por toda la tierra; las vestes sucias son las blasfemias que lanzáis sobre todos aquellos que reciben del nombre de Jesús su origen de cristianos; mas Dios poderosamente las tirará de nosotros, cuando resucite a todos, tornando a unos incorruptibles, inmortales, exentos de dolor y colocándolos en su reino eterno e indestructible, y enviando a otros para el suplicio del fuego eterno.
Vosotros os engañáis, vosotros y vuestros maestros, interpretando las palabras de Malaquías como dichas sobre la gente de vuestro pueblo que vivía en la dispersión, cuyas oraciones son llamadas de sacrificios puros y agradables a Dios. Reconoced que mentís y que procuráis engañar completamente a vosotros mismos. De hecho, primeramente, ni siquiera ahora vuestro pueblo se extiende del oriente al occidente, mas existen naciones donde jamás habitó alguien de vuestra raza. Por otro lado, no existe ninguna raza de hombres, llámense ellos bárbaros, griegos o con otro nombre cualquiera, habiten ellos en casas, llámense nómadas sin residencia, o moren en tiendas de pastores, entre los cuales no se ofrezcan, en nombre de Jesús crucificado, oraciones y acciones de gracias al Padre y Creador de todas las cosas. En segundo lugar, cuando el profeta Malaquías dijo esas palabras, aún no estabais dispersos por todas las partes de la tierra en que estuvisteis después, como se demuestra por las propias palabras de las Escrituras.