Diálogo con Trifón 100

Comentarios al salmo 22:4

La frase siguiente: “¡Mas habitas en el santuario, oh gloria de Israel!” significaba que él haría algo digno de gloria y admiración, resucitando de entre los muertos al tercer día, después de haber sido crucificado. De hecho, él recibió esa gloria de su Padre, porque ya he demostrado que Cristo recibe los nombres de Jacob e Israel. No solo se anuncia misteriosamente sobre él en la bendición de José y Judá, que yo ya he demostrado, sino también en el Evangelio está escrito que él dijo: “Todo me fue entregado por mi Padre”. Y: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y nadie conoce al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Hijo se lo revele”.
En efecto, él nos reveló todas aquellas cosas que, por su gracia, entendemos de las Escrituras, reconociendo que él es el primogénito de Dios, antes de todas las criaturas y, al mismo tiempo, hijo de los patriarcas, pues se dignó nacer hombre, sin hermosura, sin honra y pasible, hecho carne de una virgen de la descendencia de los patriarcas.
Por eso, en sus propios discursos, hablando de su futura pasión, dijo: “Es necesario que el Hijo del Hombre sufra mucho, sea reprobado por los fariseos y escribas, sea crucificado y resucite al tercer día”. Él se llamaba a mismo Hijo del Hombre, ya sea a causa de su nacimiento de una virgen que era, como ya dije, de la descendencia de David, Jacob, Isaac y Abrahán, ya sea porque el propio Adán es padre de estos que acabo de enumerar, de los cuales María tiene su origen. De hecho, sabemos que los padres de las hijas son también padres de los hijos de ellas.
A uno de sus discípulos, que hasta entonces se llamaba Simón, Jesús le cambió el nombre por Pedro, porque él lo reconoció, por revelación del Padre, como Cristo Hijo de Dios. Y nosotros lo tenemos descrito como Hijo de Dios en las Memorias de los Apóstoles y como tal lo confesamos. Por un lado, entendemos que, por poder y voluntad del Padre, de él procedió, antes de todas las criaturas, Cristo, que en los discursos de los profetas es llamado Sabiduría, Día, Oriente, Espada, Piedra, Vara, Jacob e Israel, algunas veces de un modo, otras de otro. Por otro lado, confesamos que él nació de la virgen como hombre, a fin de que por el mismo camino que se inició la desobediencia de la serpiente, por ese también ella fuese destruida.
De hecho, cuando todavía era virgen e incorrupta, Eva, habiendo concebido la palabra que la serpiente le dijo, dio a luz la desobediencia y la muerte. La virgen María, sin embargo, concebió fe y alegría, cuando el ángel Gabriel le dio la buena noticia de que el Espíritu del Señor vendría sobre ella y la fuerza del Altísimo la cubriría con su sombra, a través de lo cual el santo que de ella nació sería el Hijo de Dios. A eso, ella respondió: “Hágase en según la palabra ”.
Y de la virgen nació Jesús, al cual demostramos que tantas Escrituras se refieren, por el cual Dios destruye la serpiente y a los ángeles y hombres que a ella se asemejan, y libra de la muerte a aquellos que se arrepienten de sus malas acciones y en él creen.