Diálogo con Trifón 1

Prólogo: Encuentro con Trifón y sus compañeros

Yo andaba por la mañana bajo los pórticos del gimnasio, cuando cierto hombre, acompañado de otros, se encontró conmigo. Él me dijo:
Saludos, filósofo.
Al mismo tiempo que me saludaba, se volvió y comenzó a andar a mi lado. Sus amigos también vinieron con él. Por mi parte, le devolví el saludo, diciendo:
¿Qué pasa?
Él respondió:
En Argos, el socrático Corinto me enseñó que no se debe despreciar, ni dejar de lado a los que visten una ropa como esa, sino de todos los modos demostrarles estima y conversar con ellos, a fin de sacar algún provecho para él o para mí. Incluso en el caso de que uno solo de los dos saque provecho, ya es un bien para ambos. Por eso, siempre que veo a alguien con esa ropa, me acerco a él con gusto, y fue por ese motivo que ahora te saludé de buena voluntad. Estos hombres me acompañan y también esperan oír de ti algo provechoso.
Yo repliqué, bromeando un poco:
¿Y quién eres tú, mejor de los mortales?
Con sencillez, él me dijo su nombre y su raza:
Me llamo Trifón y soy un hebreo circuncidado que, huyendo de la guerra hace poco terminada, vivo en Grecia, y paso la mayor parte del tiempo en Corinto.
Yo pregunté:
¿Cómo podrías sacar tanto provecho de la filosofía, cuanto de tu legislador y de los profetas?
Él me respondió:
¿Cómo así? ¿Los filósofos no hablan de Dios en todos sus discursos, y sus disputas no tratan siempre sobre su unicidad y providencia? ¿O no es objeto de la filosofía la investigación acerca de Dios?
Yo le dije:
Sí. Soy de la misma opinión. Pero la mayoría de los filósofos ni siquiera se proponen el problema, si existe un solo Dios o muchos, ni se cuidan de cada uno de nosotros, pues creen que tal conocimiento en nada contribuye a nuestra felicidad. Además, procuran persuadirnos de que, si Dios cuida del universo en general y de los géneros y especies, él no cuida de mí, ni de ti, ni de las cosas particulares; si cuidara no estaríamos día y noche suplicando a él.
Sin embargo, no es difícil percibir el objetivo de sus teorías. Los que así piensan, procuran la impunidad, la libertad de hablar, de actuar, de hacer y decir lo que quieran, sin temer ningún castigo o esperar ninguna recompensa de parte de Dios. En efecto, ¿cómo podrían esperar aquellos que afirman que yo y tenemos que volver a vivir una vida igual a esta presente, sin que hayamos hecho cosas mejores o peores? Otros, suponiendo que el alma es inmortal e incorpórea, creen que ni siquiera practicando el mal, sufrirán algún castigo, pues lo incorpóreo es impasible y, siendo el alma inmortal, no necesitan de Dios para nada.
Entonces él sonrió y preguntó gentilmente:
¿Y qué piensas sobre eso? ¿Cuál es la idea que tienes sobre Dios, y cuál es tu filosofía? Dinos.