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Contra Celso - Livro IV

El Libro IV en la Obra

El Libro IV es el cuarto de los ocho de Contra Celso, la respuesta que Orígenes de Alejandría redactó hacia el 248 d.C., a pedido de su protector Ambrosio, contra el Discurso Verdadero, panfleto anticristiano del filósofo pagano Celso escrito unos setenta años antes. Orígenes responde frase por frase, citando al adversario y replicando a continuación, de modo que el tratado conserva buena parte del propio Celso, perdido por separado. El eje de este libro es la idea que Celso considera más indigna de Dios: el descenso de lo divino a los hombres. Para el platónico, lo que es bueno, bello y bienaventurado no puede cambiar; si desciende, cambiaría de lo mejor a lo peor, y eso es propio del mortal, no del inmortal.

Del descenso el debate se abre en tres frentes que dominan el libro. Primero, la providencia: Celso desafía qué sentido tendría que Dios descienda, y Orígenes responde que Dios condesciende sin dejar de ser inmutable. Segundo, el antropocentrismo: Celso ataca la pretensión cristiana y judía de que todo fue hecho para el hombre, y contrapone la sagacidad de los animales, el cosmos ordenado para el todo y no para el hombre. Tercero, la interpretación del Génesis: Celso ridiculiza la costilla de Adán, la serpiente, el arca, el diluvio, y Orígenes defiende la lectura alegórica que él mismo había desarrollado en sus comentarios, acusando al pagano de exigir a los judíos la literalidad que perdona en los mitos griegos.

Contenido del Libro

Alegoría contra Literalidad

El corazón apologético del libro es el método de lectura. Celso acusa a los cristianos de inventar fábulas de viejas, Adán formado por las manos de Dios, la mujer tomada de la costilla, la serpiente que vence el mandamiento, y observa, con razón de hecho, que los más comedidos entre judíos y cristianos se avergüenzan del sentido literal y se refugian en la alegoría. Orígenes no retrocede: asume la alegoría como clave correcta y devuelve el argumento. Si a los griegos les es lícito leer el mito de Pandora en Hesíodo, o el nacimiento de Eros en el Banquete de Platón, como filosofía en ropaje mítico, ¿por qué solo los judíos serían los más ininteligibles de los hombres? El lector moderno debe notar que la alegoría origeniana no es mero recurso de defensa: era su sistema exegético, expuesto en comentarios hoy en buena parte perdidos, y fue precisamente esa preferencia por el sentido espiritual sobre el literal lo que lo volvió tan influyente como controvertido en la historia de la interpretación bíblica.

Platonismo, Estoicismo y la Providencia

El debate sobre el descenso de Dios es, en el fondo, una disputa entre escuelas filosóficas sobre la impasibilidad de lo divino. Orígenes responde a Celso con armas de la propia tradición griega: contrasta el Dios inmutable de las Escrituras con los dioses de Epicuro, compuestos de átomos y sujetos a la disolución, y con el dios de los estoicos, corpóreo y periódicamente reabsorbido en la conflagración del mundo. En el punto del antropocentrismo, se alía abiertamente con los filósofos del Pórtico, los estoicos, que ponían al hombre y a la naturaleza racional por encima de los animales y atribuían a la providencia el cuidado primario de los seres racionales. Conviene registrar lo que esa alianza cuesta: al defender la providencia con el estoicismo, Orígenes mezcla revelación y filosofía natural de un modo que no todos los cristianos posteriores aceptaron, y el propio libro admite que cuestiones como el origen de las almas pertenecen a un terreno disputado entre los filósofos.

Doctrinas Después Condenadas

El Libro IV deja entrever ideas que harían de Orígenes una figura sospechosa siglos después de su muerte. Al comentar la expulsión del paraíso y las túnicas de pieles, habla de una doctrina secreta sobre el alma que pierde sus alas y desciende a la tierra, y, al tratar las almas de los animales, rechaza explícitamente la idea de hacer descender el alma desde la bóveda del cielo, señal de que la preexistencia de las almas estaba en el horizonte del debate. Es honesto señalar que esas posiciones, sobre todo la preexistencia de las almas y la posible restauración final de todas las cosas, fueron condenadas póstumamente, en general asociadas al Segundo Concilio de Constantinopla, en 553 d.C., casi trescientos años después de este texto. Conviene la cautela: hay disputa erudita real sobre si los anatemas contra Orígenes fueron aprobados por el propio concilio ecuménico o anexados a él, y sobre cuánto de lo que se condenó correspondía a lo que Orígenes de hecho enseñó, frente al origenismo radicalizado por discípulos posteriores.

“Los más comedidos entre los escritores judíos y cristianos dan a todas estas cosas un sentido alegórico.”

Orígenes, Contra Celso - Livro IV 6:48

Relevancia

El Libro IV importa por dos motivos que van más allá de la polémica antigua. Primero, es una de las fuentes más ricas que sobreviven del ataque pagano culto al cristianismo: por las citas de Orígenes oímos a Celso ridiculizar la creación, el diluvio, Lot y sus hijas, y cuestionar el lugar del hombre en el cosmos, objeciones que reaparecen, con otra ropa, en críticos modernos. Segundo, expone sin disfraz la apuesta exegética de Orígenes, leer el Antiguo Testamento como alegoría, que moldeó la interpretación cristiana durante siglos y a la vez lo puso en el centro de una de las mayores controversias doctrinales de la Iglesia antigua. Para el lector de hoy, el libro muestra a un cristiano erudito disputando con el adversario dentro del mismo vocabulario filosófico, sin negar los datos, y conviene leerlo recordando que la autoridad del autor, después venerado por unos y condenado por otros, permanece ella misma objeto de debate.