Apologético (Tertuliano) 50
Anaxarco, cuando estaba siendo golpeado hasta la muerte por un mortero de cebada, gritó: 'Golpea, golpea la cáscara de Anaxarco; ningún golpe alcanza al propio Anaxarco'. ¡Oh magnanimidad del filósofo, que incluso en tal fin tenía bromas en los labios! Dejo de lado todas las referencias a aquellos que, con su propia espada, o con cualquier otra forma más suave de muerte, negociaron por gloria. Vean cómo incluso los concursos de tortura son coronados por ustedes. La cortesana ateniense, habiendo cansado al verdugo, finalmente mordió su lengua y la escupió en el rostro del tirano furioso, para que al mismo tiempo escupiera fuera su poder de habla, y no pudiera más confesar a sus cómplices, aun cuando fuera su inclinación.