Apologético (Tertuliano) 5
Domiciano, también un hombre del tipo de Nerón en crueldad, tentó su mano en la persecución; pero como él tenía algo de humano en él, pronto puso fin a lo que había comenzado, incluso restaurando a aquellos que había desterrado. Tales como esos siempre han sido nuestros perseguidores — hombres injustos, impíos, viles, de quienes ni ustedes mismos tienen algo de bueno que decir, los sufridores bajo cuyas sentencias ustedes suelen restaurar. Pero entre tantos príncipes desde aquella época hasta los días actuales, con algo de sabiduría divina y humana en ellos, apunten un único perseguidor del nombre cristiano. Lejos de ello, nosotros, por el contrario, presentamos a ustedes uno que fue su protector, como verán al examinar las cartas de Marco Aurelio, el más grave de los emperadores, en las cuales él testifica que aquella sequía germánica fue removida por las lluvias obtenidas a través de las oraciones de los cristianos que acaso luchaban bajo su mando. Y como él no removió por ley pública las incapacidades legales de los cristianos, aún así de otra forma las puso de lado abiertamente, incluso añadiendo una sentencia de condena, y de mayor severidad, contra sus acusadores.