Apologético (Tertuliano) 49

La alegría del pueblo en nuestro sufrimiento es, por lo tanto, completamente sin razón. Pues es nuestra alegría la que ellos se apropian, ya que preferimos mucho más ser condenados que apostatar de Dios; por el contrario, nuestros enemigos deberían estar tristes en vez de alegrarse, ya que obtuvimos exactamente lo que elegimos.