Apologético (Tertuliano) 39
Estos dones son, por así decirlo, el fondo de depósito de la piedad. Pues ellos no son sacados de allí y gastados en fiestas, borracheras y restaurantes, sino para sustentar y enterrar a personas pobres, suplir las necesidades de niños y niñas desprovistos de recursos y padres, y de ancianos ahora confinados a la casa; tales también como sufrieron naufragio; y si hay alguien en las minas, o desterrado a las islas, o preso en las prisiones, por nada más que su fidelidad a la causa de la Iglesia de Dios, ellos se convierten en los protegidos de su confesión.