Apologético (Tertuliano) 38

El Caso para la Tolerancia y la Distinción Cristiana

¿No deberían los cristianos, por lo tanto, recibir no solo un tratamiento un poco más blando, sino tener un lugar entre las sociedades toleradas por la ley, visto que no son acusados de ninguno de los crímenes comúnmente temidos de las sociedades de la clase ilícita? Pues, a menos que yo esté equivocado, la prevención de tales asociaciones se basa en un cuidado prudencial con el orden público, para que el estado no sea dividido en partidos, lo que naturalmente llevaría a disturbios en las asambleas electorales, en los consejos, en las curias, en las convenciones especiales, hasta en los espectáculos públicos por las colisiones hostiles de partidos rivales; especialmente cuando ahora, en busca de lucro, los hombres comenzaron a considerar su violencia un artículo a ser comprado y vendido.
Pero como aquellos en quienes todo ardor en la búsqueda de gloria y honor está muerto, no tenemos ningún incentivo urgente para participar de sus reuniones públicas; ni hay nada más extraño para nosotros que los asuntos de estado. Reconocemos una comunidad abarcadora el mundo. Renunciamos a todos sus espectáculos, tan fuertemente como renunciamos a los asuntos que los originaron, que sabemos que fueron concebidos por la superstición, cuando abandonamos las propias cosas que son la base de sus representaciones. Entre nosotros, nada es dicho, visto u oído que tenga algo en común con la locura del circo, la imodestia del teatro, las atrocidades de la arena, los ejercicios inútiles del campo de lucha.
¿Por qué ustedes se ofenden con nosotros porque diferimos de ustedes en relación a sus placeres? Si no queremos participar de sus placeres, la pérdida es nuestra, si hubiera pérdida en el caso, no de ustedes. Rechazamos lo que agrada a ustedes. Ustedes, por otro lado, no tienen gusto por lo que es nuestro deleite. Los epicúreos fueron permitidos por ustedes a decidir por mismos una única fuente verdadera de placer quiero decir, la ecuanimidad; el cristiano, a su vez, tiene muchos de esos placeres —¿qué mal hay en eso?