Apologético (Tertuliano) 2
Pues Plinio, el Joven, cuando gobernaba una provincia, habiendo condenado algunos cristianos a la muerte y llevado otros a abandonar su fe, aún perturbado por su gran número, finalmente buscó el consejo de Trajano, el emperador reinante, sobre qué hacer con el restante, explicando a su maestro que, excepto por una obstinada relucencia en ofrecer sacrificios, él no encontró en sus cultos religiosos nada más que reuniones al amanecer para cantar himnos a Cristo y a Dios, y sellar su modo de vida con un compromiso conjunto de ser fieles a su religión, prohibiendo asesinato, adulterio, deshonestidad y otros crímenes. Delante de eso, Trajano respondió que los cristianos no debieran ser procurados; mas, si fuesen llevados delante de él, debieran ser punidos.