Apologético (Tertuliano) 16
Mas recientemente, una nueva edición de nuestro dios fue dada al mundo en esa gran ciudad: ella se originó con un cierto hombre vil que solía alquilarse para engañar a las fieras, y que exhibió una pintura con esta inscripción: El Dios de los Cristianos, nacido de un burro. Él tenía orejas de burro, era ungulado en un pie, llevaba un libro y vestía una toga. Tanto el nombre como la figura nos divirtieron. Pero nuestros oponentes deberían inmediatamente haber prestado homenaje a esta divinidad biforme, pues ellos ya reconocieron dioses con cabeza de perro y de león, con cuernos de ciervo y carnero, con lomos de cabra, piernas de serpiente, con alas brotando de las espaldas o de los pies. Estas cosas discutimos ex abundanti, para no parecer pasar voluntariamente por cualquier rumor contra nosotros sin refutación. Habiéndonos justificado completamente, pasamos ahora a una exposición de lo que nuestra religión realmente es.