Apologético (Tertuliano) 16
Equivocaciones y Defensas de la Adoración Cristiana
Pues, como algunos otros, ustedes están bajo la ilusión de que nuestro dios es una cabeza de burro. Cornelio Tácito fue el primero en colocar esa noción en la mente de las personas. En el quinto libro de sus historias, comenzando la (narrativa de la) guerra judaica con un relato del origen de la nación; y teorizando a voluntad sobre el origen, así como el nombre y la religión de los judíos, él afirma que, habiendo sido libertos, o mejor, en su opinión, expulsados de Egipto, al cruzar las vastas planicies de Arabia, donde el agua es tan escasa, ellos estaban en extremo desespero por sed; pero, siguiendo la orientación de los burros salvajes, que se pensaba estar buscando agua tras alimentarse, ellos descubrieron una fuente y, en gratitud, consagraron una cabeza de esa especie de animal. Y como el cristianismo está casi aliado al judaísmo, a partir de esto, supongo, fue asumido que nosotros también somos devotos a la adoración de la misma imagen.