Capítulos

Antiguidades Judaicas - Livro VIII

Autor y Fecha de Composición

Flavio Josefo nació en Jerusalén hacia el año 37 d.C. con el nombre de José, hijo de Matatías. Era sacerdote y comandó las tropas de Galilea en la revuelta judía contra Roma iniciada en el 66. Lo capturó el general Vespasiano, a quien habría predicho su ascenso al trono imperial. Liberado y llevado a Roma, se convirtió en cliente de la dinastía Flavia y por eso adoptó el nombre Flavio. Murió probablemente a comienzos del siglo II.

Las Antigüedades Judías (en griego Ioudaikē archaiologia) son una historia del pueblo judío en veinte libros, escritas en griego y concluidas hacia el 93 o 94 d.C., en el decimotercer año del emperador Domiciano. Los diez primeros libros narran la historia de la Biblia hebrea, desde la creación hasta el periodo persa. Los diez siguientes llegan hasta la víspera de la guerra con Roma. Josefo escribió para un público grecorromano, con la intención declarada de demostrar la antigüedad y la dignidad de las leyes y la historia judías.

El Libro VIII en la Obra

El Libro VIII cubre desde la muerte de David y la plena posesión del trono por Salomón hasta la muerte de Acab, rey de Israel. Sigue de cerca los relatos de 1 Reyes 1 a 22 y de 2 Crónicas 1 a 18: el reinado y la sabiduría de Salomón, la construcción y la dedicación del Templo, la visita de la reina de Saba, la apostasía final de Salomón, el cisma entre Judá e Israel bajo Roboam y Jeroboam, y el ciclo del profeta Elías en el reinado de Acab.

Contenido del Libro

Fuentes y Método

Para esta parte Josefo sigue principalmente el texto bíblico, parafraseado y reorganizado. Armoniza Reyes y Crónicas, racionaliza episodios y añade color helenístico, en un procedimiento que los estudiosos denominan "Biblia reescrita". Cuando el texto bíblico ofrece números divergentes, Josefo a veces sigue una de las versiones y a veces presenta un tercer valor, de modo que sus datos no siempre coinciden con el Texto Masorético.

El Libro VIII es también el punto en que Josefo comienza a citar fuentes no bíblicas para sostener la historicidad del relato. Invoca los archivos de la ciudad de Tiro, transmitidos en griego por Menandro de Éfeso y por Dio, para confirmar la existencia de Hiram y su trato con Salomón, incluido el intercambio de enigmas resuelto por el tirio Abdemon. En la historia de Sisac recurre a Heródoto. Este uso de fuentes externas es parte del proyecto apologético de la obra.

Salomón como Exorcista

En el capítulo 2, Josefo afirma que Dios concedió a Salomón el arte de expulsar demonios y que el rey compuso encantamientos y fórmulas de exorcismo aún eficaces en su tiempo. Como prueba, relata haber presenciado a un judío llamado Eleazar expulsar demonios ante el emperador Vespasiano usando un anillo y el nombre de Salomón. Este retrato de Salomón como maestro de exorcistas no proviene de la Biblia hebrea, sino de tradiciones judías del periodo del Segundo Templo, las mismas que alimentan obras como el Testamento de Salomón. Vale como testimonio del imaginario de la época, no como dato del texto canónico.

Manuscritos y Transmisión

El texto griego de las Antigüedades sobrevive en manuscritos medievales. La edición crítica de referencia es la de Benedikt Niese (1885 a 1895), apoyada sobre todo en los códices designados A, M y W. Para la segunda mitad de la obra, los mejores testimonios son el Códice Palatino, de los siglos IX o X, y el Ambrosiano, del siglo XI. En Occidente circuló una traducción latina en veintidós libros dirigida por Casiodoro, a mediados del siglo VI, que moldeó la recepción medieval. La traducción inglesa clásica, base de la versión usada aquí, es la de William Whiston, de 1737.

Valor Histórico y Advertencias

Para el periodo de Salomón, Josefo no es fuente independiente de la Biblia: la vuelve a contar. Su valor radica en las fuentes externas que cita, como los anales tirios, y en el testimonio que da de las tradiciones judías del siglo I. La lectura exige cautela con el programa apologético del autor y con sus divergencias numéricas respecto del texto bíblico. Aun así, Josefo sigue siendo el principal puente entre la narrativa bíblica y el modo en que el judaísmo del fin del Segundo Templo leía su propia historia.