Capítulos

Antiguidades Judaicas - Livro I

Autor y Fecha de Composición

Flavio Josefo nació en Jerusalén hacia el año 37 d.C. con el nombre de José, hijo de Matías. Era sacerdote y comandó las tropas de Galilea en la revuelta judía contra Roma iniciada en el 66. Lo capturó el general Vespasiano, a quien habría predicho su ascenso al trono imperial. Liberado y llevado a Roma, se convirtió en cliente de la dinastía Flavia y por eso adoptó el nombre Flavio. Murió probablemente a principios del siglo II.

Las Antigüedades Judías (en griego Ioudaikē archaiologia) son una historia del pueblo judío en veinte libros, escrita en griego y concluida hacia el año 93 o 94 d.C., en el decimotercer año del emperador Domiciano. Los diez primeros libros vuelven a narrar la historia de la Biblia hebrea, desde la creación hasta el período persa. Los diez siguientes llegan hasta la víspera de la guerra con Roma. Josefo escribió para un público grecorromano, con la intención declarada de demostrar la antigüedad y la dignidad de las leyes y la historia judías.

El Libro I en la Obra

El Libro I abre la obra. Tras un largo prefacio sobre los propósitos del autor, abarca desde la creación del mundo hasta la muerte de Isaac, siguiendo el Génesis del capítulo 1 al 35. Trata la creación y la caída, el Diluvio, la Torre de Babel, la dispersión de las naciones y, a continuación, se centra en los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob. Es la parte de la obra en que Josefo más reescribe el texto bíblico, pero también aquella en que comienza a apoyarse en autores griegos y orientales para sostener su antigüedad ante el lector pagano.

Contenido del Libro

Fuentes y Método

Para esta parte Josefo sigue principalmente el texto del Génesis, parafraseado y reorganizado en un procedimiento que los especialistas denominan "Biblia reescrita". Elimina los idiotismos hebreos, ofrece etimologías de nombres al gusto helenístico, por ejemplo Adán a partir de la tierra roja, e identifica ríos y lugares del relato con la geografía conocida de sus lectores, como el Pisón con el Ganges y el Guijón con el Nilo. Racionaliza episodios y suaviza pasajes que podían resultar chocantes para el público grecorromano.

El Libro I es también donde Josefo comienza a citar autores externos para reforzar la historicidad del relato. Sobre el Diluvio y los restos del arca en las montañas invoca a Beroso el caldeo y menciona a Nicolás de Damasco, Jerónimo el Egipcio y otros. En cuanto a la longevidad de los antiguos, alinea una lista de historiadores griegos como Hesíodo, Hecateo, Helánico, Acusilao y Éforo. Afirma además que tanto Beroso como Hecateo hacen referencia a Abraham. Este recurso a fuentes paganas forma parte del proyecto apologético de la obra. Conviene advertir que algunas de esas citas llegan a Josefo de segunda mano y no siempre pueden verificarse en los originales hoy perdidos.

Añadidos extrabíblicos

Varios detalles del Libro I no proceden del Génesis, sino de tradiciones judías del período del Segundo Templo y de invenciones propias de Josefo. Entre ellos se encuentran las columnas de piedra y ladrillo erigidas por los descendientes de Set para preservar el saber astronómico, la atribución de descubrimientos científicos a personajes antediluvianos, y la derivación de pueblos como los trogloditas y los árabes de la descendencia de Abraham por Cetura y por Ismael. Estos fragmentos valen como testimonio del imaginario judío de la época, no como dato del texto canónico.

Manuscritos y Transmisión

El texto griego de las Antigüedades se conserva en manuscritos medievales. La edición crítica de referencia es la de Benedikt Niese (1885 a 1895), apoyada principalmente en los códices designados A, M y W. En el Occidente latino circuló una traducción elaborada en veintidós libros bajo la dirección de Casiodoro, hacia mediados del siglo VI, que moldeó la recepción medieval. La traducción inglesa clásica, base de la versión usada aquí, es la de William Whiston, de 1737.

Valor Histórico y Cautelas

Para el período de los patriarcas, Josefo no es una fuente independiente de la Biblia: simplemente la vuelve a narrar. Su valor reside en las tradiciones judías del siglo I que conserva y en las citas de autores griegos y orientales, aunque esas citas sean indirectas o difíciles de verificar. La lectura exige cautela con el programa apologético del autor y con sus añadidos legendarios. Con todo, el Libro I muestra cómo el judaísmo del final del Segundo Templo leía sus propios orígenes y cómo procuraba traducirlos al mundo cultural grecorromano.