Capítulos

O Banquete

Autoría y fecha de composición

El Banquete (en griego Symposion) es un diálogo de Platón, compuesto probablemente entre el 385 y el 370 a.C., aunque la cena que escenifica se sitúa hacia el 416 a.C., en la casa del poeta trágico Agatón, en Atenas. La autoría de Platón no es discutida: la obra figura entre los diálogos de la madurez y es citada ya en la Antigüedad. La escena se narra en capas: Apolodoro cuenta a un amigo lo que oyó de Aristodemo, quien estuvo presente. Ese retroceso es intencional y sirve de aviso al lector de que se trata de memoria de memoria, no de un registro directo.

El diálogo reúne siete discursos sobre Eros, cada uno pronunciado por una figura histórica real del círculo ateniense: Fedro, Pausanias, el médico Erixímaco, el comediógrafo Aristófanes, el anfitrión Agatón, Sócrates (quien transmite lo que habría aprendido de la sacerdotisa Diotima de Mantinea) y, por último, el general Alcibíades. Hay debate sobre si Diotima fue una persona real o un personaje literario creado por Platón para poner en boca de una mujer la doctrina central de la obra. La mayoría de los estudiosos la trata como una construcción literaria.

Contenido del libro

  • El marco narrativo: Apolodoro recuenta, de segunda mano, la cena en casa de Agatón(O Banquete 1)
  • Fedro: Eros es el dios más antiguo, y el amor inspira valentía y el sacrificio de uno mismo(O Banquete 2)
  • Pausanias: hay dos Eros, el vulgar y el celestial, y no todo amor es noble(O Banquete 3)
  • Erixímaco: el médico extiende el amor doble a toda la naturaleza, como armonía de los opuestos(O Banquete 4)
  • Aristófanes: el mito de los seres partidos, y el amor como búsqueda de la mitad perdida(O Banquete 5)
  • Agatón: un elogio retórico que describe al propio Amor como joven, bello y perfecto(O Banquete 6)
  • Sócrates y Diotima: el amor es carencia, daimon intermediario, y asciende por peldaños hasta lo Bello en sí(O Banquete 7)
  • Alcibíades irrumpe ebrio y elogia a Sócrates, comparándolo con un sileno feo por fuera y divino por dentro(O Banquete 8)

La escalera del amor

El núcleo filosófico de la obra se encuentra en el discurso de Sócrates, que él atribuye a Diotima. Primero desmonta la suposición de que el Amor es bello: quien desea desea lo que le falta, luego el Amor no posee la belleza, sino que la busca. El Amor no es ni dios ni mortal, sino un daimon intermediario, hijo de la Abundancia y de la Pobreza, siempre carente y siempre en busca. Después Diotima define la obra del amor como engendrar en lo bello, en el cuerpo y en el alma, porque la generación es el modo por el cual el mortal alcanza alguna forma de inmortalidad.

De ahí parte la imagen que se volvió famosa: el amante sube por peldaños. Comienza amando un cuerpo bello, percibe que la belleza de un cuerpo es hermana de la de otro, pasa a amar la belleza de las almas, luego la de las leyes y los conocimientos, hasta vislumbrar de pronto lo Bello en sí, eterno, simple, que no está en ninguna cosa y del que todas las cosas bellas participan. Esa subida de la belleza sensible hacia una belleza absoluta e inmutable es uno de los pasajes más influyentes de toda la filosofía occidental.

“El modo correcto de acercarse a las cosas del amor es comenzar por las bellezas de aquí abajo y subir siempre hacia aquella belleza, como por peldaños: de un solo cuerpo a dos, y de los cuerpos a las bellas ocupaciones.”

Platón, O Banquete 7:102

Influencia en el pensamiento cristiano

La escalera de Diotima fue uno de los canales por donde el platonismo penetró en la espiritualidad cristiana. La idea de un ascenso del alma, de las cosas visibles y múltiples hacia una realidad única, inmutable y suprema, fue reaprovechada por autores cristianos para describir el ascenso de la mente hacia Dios. Agustín, formado en la lectura de los platónicos, narra en las Confesiones un movimiento semejante, de la belleza de las criaturas hacia la Belleza que las creó, y la tradición mística posterior, de Pseudo-Dionisio a Buenaventura, habla del alma que asciende por grados hacia lo divino. El vocabulario del amor que no se conforma con lo particular y busca lo absoluto pasó, por esa mediación, al lenguaje devocional del Occidente.

Existe también un puente conceptual: lo Bello en sí de Platón, "separado, simple y eterno", del que todo participa, ofreció a los teólogos una gramática para hablar de un Bien absoluto y fuente de todos los bienes. Cuando los autores cristianos identificaron ese Bello y ese Bien supremos con Dios, heredaron de Platón la estructura, aunque cambiaron radicalmente el contenido. La propia distinción entre el amor que solo desea y consume y el amor que quiere el bien del otro se volvió tema cristiano, retomada por C. S. Lewis al contrastar el amor de necesidad con el amor de donación.

Tensiones con la fe

La continuidad tiene límites, y es honesto marcarlos. El Eros de Diotima es, en su raíz, deseo de quien tiene carencia: el alma sube porque busca un bien que no posee y quiere poseer para siempre. El amor central del Nuevo Testamento, el agape, funciona al contrario, como don que desciende y se entrega al indigno, como en Dios amando al mundo cuando este aún era pecador. Donde Platón hace subir al alma por sus propios esfuerzos hacia lo Bello, el cristianismo afirma un Dios que baja primero. Las dos direcciones no se anulan, pero no son lo mismo, y fusionarlas borra lo que cada una dice.

Hay otras distancias. Lo Bello en sí de Platón es impersonal: es una realidad que se contempla, no alguien que ama de vuelta ni que se revela. La inmortalidad que el amor busca en el Banquete se alcanza por la generación, de hijos, de obras, de fama, o por la contemplación, no por la resurrección del cuerpo, que para Platón sería más bien una prisión. Y el trasfondo social del diálogo es la pederastia de la élite ateniense, el amor de un hombre mayor por un joven, práctica ajena y en gran medida condenable a los ojos de la moral cristiana posterior. Diotima parte de ese amor para elevarlo hasta lo Bello, pero ese es el punto de partida, y omitirlo sería deshonesto. El Banquete ofrece al lector cristiano un lenguaje poderoso para el ascenso del alma y el deseo de lo absoluto, no una doctrina ya cristiana del amor.

Sócrates como sileno

La obra termina con la llegada de Alcibíades, ebrio, quien sustituye el elogio del Amor por el elogio de Sócrates. Lo compara con los silenos, estatuillas feas por fuera que se abren y guardan imágenes divinas dentro: Sócrates parece ignorante y ridículo, habla de zapateros y burros de carga, vive rodeado de jóvenes hermosos, pero por dentro es sobrio, firme y lleno de templanza. Alcibíades confiesa que intentó seducirlo y fue rechazado, y que ese hombre lo avergüenza como ningún otro, obligándolo a reconocer que descuida de sí mismo. La escena dramatiza, en carne y hueso, lo que Diotima describió en teoría: un amor que rechaza el cuerpo para apuntar hacia algo más alto.

“Cuando él se pone serio y se abre, no sé si alguien ha visto ya las imágenes que lleva dentro. Yo las vi una vez, y me parecieron tan divinas, doradas, bellísimas y admirables.”

Platón, O Banquete 8:33

Relevancia para el cristiano de hoy

El Banquete es lectura útil para quien quiere entender de dónde procede gran parte del vocabulario cristiano sobre el deseo de Dios. La intuición de que el amor humano jamás se satisface con lo finito y apunta más allá de sí mismo resuena con la frase de Agustín sobre el corazón inquieto que solo descansa en Dios, aunque esa lectura no está en el texto de Platón. Vale leerlo con la distancia crítica que la propia obra exige, recordando que termina con hombres ebrios y que su narración es memoria de memoria. Diotima le da al cristiano una escalera y una dirección, de lo múltiple a lo Uno, de lo sensible a lo eterno, pero no dice quién está en la cima, ni que esa cima desciende al encuentro de quien ama.