O Anticristo 8

A maldição de Nietzsche contra o cristianismo (1888): lendo o Novo Testamento como filólogo, ele separa Jesus de Paulo, acusa a Igreja de inverter os valores da vida e fecha com sua Lei contra o Cristianismo

§ 36

Solo nosotros, nosotros los espíritus que nos hemos vuelto libres, tenemos la condición para comprender algo que diecinueve siglos apenas comprendieron, aquella rectitud que se hizo instinto y pasión, y que hace la guerra a la "mentira santa" aún más que a cualquier otra mentira… Estaban indeciblemente distantes de nuestra neutralidad amorosa y cautelosa, de aquella disciplina del espíritu que es la única cosa que hace posible adivinar cosas tan extrañas, tan delicadas: en todos los tiempos quisieron allí tan solo su propia ventaja, con un egoísmo descarado; levantaron la Iglesia a partir de lo opuesto al Evangelio…
Quien buscase señales de que, por detrás del gran juego de los mundos, una divinidad irónica mueve los dedos, encontraría no poco apoyo en el monstruoso signo de interrogación que se llama Cristianismo. Que la humanidad esté de rodillas ante lo opuesto de aquello que era el origen, el sentido, el derecho del Evangelio; que ella haya declarado santo, en el concepto de "Iglesia", justamente aquello que el "alegre mensajero" sentía como por debajo de sí, como por detrás de se busca en vano una forma mayor de ironía de la historia universal

§ 37

Nuestra época se enorgullece de su sentido histórico: ¿cómo pudo creer en el absurdo de que, en el inicio del Cristianismo, está la grosera fábula del hacedor de milagros y del redentor, y de que todo lo que es espiritual y simbólico vino solo más tarde, como desarrollo posterior? Al contrario: la historia del Cristianismo y esto a partir de la muerte en la cruz es la historia de la incomprensión cada vez más grosera, paso a paso, de un simbolismo original. A cada nueva difusión del Cristianismo por masas aún más amplias, aún más brutas, a las cuales les faltaban cada vez más las condiciones de que él nació, se volvió más necesario vulgarizar el Cristianismo, barbarizarlo, él tragó doctrinas y ritos de todos los cultos subterráneos del imperium Romanum, tragó el absurdo de toda especie de razón enferma. El destino del Cristianismo está en la necesidad de que su propia fe tuviese que volverse tan enferma, tan baja y vulgar como eran enfermas, bajas y vulgares las necesidades que él debía satisfacer. Como Iglesia, la barbarie enferma acaba por sumarse, ella misma, en poder, la Iglesia, esa forma de enemistad mortal contra toda rectitud, contra toda altura del alma, contra toda disciplina del espíritu, contra toda humanidad franca y bondosa. Los valores cristianos, los valores nobles: ¡solo nosotros, nosotros los espíritus que nos hemos vuelto libres, restablecemos este mayor contraste de valores que existe!

§ 38

No reprimo, en este punto, un suspiro. Hay días en que me visita un sentimiento más negro que la más negra melancolía, el desprecio por los hombres. Y, para que yo no deje duda sobre lo que desprecio, sobre a quién desprecio: es el hombre de hoy, el hombre de quien soy, por fatalidad, contemporáneo. El hombre de hoy, me ahogo con su aliento impuro… En cuanto al pasado, soy, como todos los que conocen, de una gran tolerancia, esto es, de un dominio magnánimo de mismo: atravieso el mundo de manicomio de milenios enteros, llámese él "Cristianismo", "fe cristiana", "Iglesia cristiana", con una cautela sombría, y me guardo de responsabilizar a la humanidad por sus enfermedades del espíritu. Pero mi sentimiento cambia, estalla, tan pronto como entro en la época más reciente, en nuestra época. Nuestra época sabe… Lo que antes era solo enfermo, hoy se ha vuelto indecente, es indecente, hoy, ser cristiano. Y aquí comienza mi náusea. Miro alrededor: no ha quedado ni una sola palabra de aquello que antes se llamaba "verdad"; ya ni siquiera soportamos más que un padre ponga siquiera la palabra "verdad" en la boca. Aun con la más modesta pretensión a la rectitud, es preciso saber hoy que un teólogo, un padre, un papa, a cada frase que dice, no solo se equivoca sino que miente, y que ya no le es concedido mentir por "inocencia", por "ignorancia". También el padre sabe, tan bien como todo el mundo, que ya no hay ningún "Dios", ningún "pecador", ningún "redentor", que "libre albedrío", "orden moral del mundo" son mentiras: la seriedad, el profundo autodominio del espíritu no le permiten ya a nadie ignorar esto… Todos los conceptos de la Iglesia fueron reconocidos por lo que son, como la más maligna falsificación de moneda que existe, con el propósito de desvalorizar la naturaleza, los valores de la naturaleza; el propio padre fue reconocido por lo que es, como la más peligrosa especie de parásito, como la verdadera araña venenosa de la vida… Sabemos, nuestra conciencia sabe hoy, lo que valen, al fin y al cabo, aquellas siniestras invenciones de los padres y de la Iglesia, a qué sirvieron, con las cuales se alcanzó aquel estado de abajamiento de la humanidad que puede causar náusea al mirarlo, los conceptos de "allende", "juicio final", "inmortalidad del alma", la propia "alma"; son instrumentos de tortura, son sistemas de crueldades por medio de los cuales el padre se hizo señor, y señor permaneció… Todo el mundo sabe eso: y, a pesar de eso, todo continúa como antes. ¿A dónde fue el último sentimiento de decencia, de respeto por uno mismo, cuando hasta nuestros hombres de Estado, gente por lo demás bien despreocupada y anticristianos de la acción por entero, todavía se llaman hoy cristianos y van a la comunión?… ¡Un joven príncipe, al frente de sus regimientos, magnífico como expresión del egoísmo y de la soberba de su pueblo, pero confesándose cristiano sin el menor pudor!… ¿A quién, entonces, el Cristianismo niega? ¿Qué es lo que llama "mundo"? Ser soldado, ser juez, ser patriota; defenderse; velar por la propia honra; querer la propia ventaja; ser orgulloso… Toda práctica de cada instante, todo instinto, toda valoración que se vuelve acción es hoy anticristiana: ¡qué aborto de falsedad tiene que ser el hombre moderno para aún no avergonzarse de llamarse cristiano!

§ 39

Vuelvo atrás, cuento la verdadera historia del Cristianismo. Ya la palabra "Cristianismo" es un malentendido, en el fondo hubo un único cristiano, y ese murió en la cruz. El "Evangelio" murió en la cruz. Lo que a partir de ese instante se llama "Evangelio" ya era lo opuesto a aquello que él vivió: una "mala noticia", un disevangelio. Es falso hasta el punto del absurdo ver el distintivo del cristiano en una "fe", por ejemplo en la fe en la redención por Cristo: solo la práctica cristiana, una vida como la de aquel que murió en la cruz la vivió, es cristiana… Todavía hoy una vida así es posible, para ciertos hombres hasta necesaria: el Cristianismo verdadero, el originario, será posible en todos los tiempos… No una fe, sino un hacer, antes que nada un mucho-no-hacer, un otro ser… Estados de conciencia, alguna fe, un tener-por-verdadero, por ejemplo todo psicólogo lo sabe son perfectamente indiferentes y de quinta categoría ante el valor de los instintos: hablando con más rigor, todo el concepto de causalidad espiritual es falso. Reducir el ser-cristiano, la cristiandad, a un tener-por-verdadero, a una mera fenomenalidad de la conciencia, significa negar la cristiandad. De hecho, no hubo cristiano alguno. El "cristiano", aquello que desde hace dos milenios se llama cristiano, es apenas un malentendido psicológico de mismo. Mirando más de cerca, en él reinaban, a pesar de toda "fe", apenas los instintos ¡y qué instintos! La "fe" fue siempre, por ejemplo en Lutero, apenas un manto, un pretexto, una cortina, detrás de la cual los instintos jugaban su juego, una ceguera astuta sobre el dominio de ciertos instintos… La "fe", ya la llamé la verdadera astucia cristiana, se hablaba siempre de "fe", se actuaba siempre solo por instinto… En el mundo de representaciones del cristiano no ocurre nada que toque siquiera la realidad: al contrario, reconocemos en el odio instintivo contra toda realidad el elemento motor, el único elemento motor en la raíz del Cristianismo. ¿Qué se sigue de esto? Que también in psychologicis el error aquí es radical, esto es, determinante de la esencia, esto es, sustancia. ¡Saque de aquí un concepto, ponga una única realidad en su lugar, y todo el Cristianismo rueda hacia la nada! Visto desde lo alto, este más singular de todos los hechos, una religión no solo condicionada por errores, sino inventiva y hasta genial únicamente en errores nocivos, en errores que envenenan la vida y el corazón, permanece como un espectáculo para dioses, para aquellas divinidades que son al mismo tiempo filósofos y que encontré, por ejemplo, en aquellos famosos diálogos en Naxos. En el instante en que la náusea los abandona (— ¡y nos abandona!), ellos se vuelven gratos por el espectáculo del cristiano: el miserable pequeño astro que se llama Tierra tal vez merezca, solo a causa de este caso curioso, una mirada divina, una divina participación… No subestimemos, pues, al cristiano: el cristiano, falso hasta el punto de la inocencia, está muy por encima del mono, por lo que toca a los cristianos, una conocida teoría del origen se vuelve mera cortesía…