Capítulos

Metafísica - Livro VII
El Núcleo de la Metafísica
La Metafísica de Aristóteles (384 a.C. a 322 a.C.) es una colección de catorce tratados reunidos por editores después de la muerte del autor, designados por letras griegas. El Libro VII recibe el nombre de Zeta (Z). Es considerado ampliamente el núcleo de la obra. Junto con los Libros VIII y IX, forma el bloque central sobre la sustancia, y dentro de ese bloque el Libro VII es el más extenso, el más estudiado y también uno de los más difíciles de toda la filosofía aristotélica. Muchos pasajes son compactos, el argumento avanza y retrocede, y los intérpretes discrepan en puntos importantes sobre las conclusiones que Aristóteles alcanza al final.
El punto de partida fue preparado en los libros anteriores: el ser se dice de muchos modos, pero el primero de ellos es la sustancia. Por eso la antigua pregunta sobre qué es el ser se reduce, para Aristóteles, a la pregunta sobre qué es la sustancia. El Libro VII es el intento de responder a esa pregunta.
La Investigación de la Sustancia
Aristóteles examina varios candidatos al puesto de sustancia. Uno de ellos es el sustrato, aquello de lo que todo lo demás se predica y que no se predica de ninguna otra cosa. El sustrato puede entenderse como la materia, como la forma o como el compuesto de ambas. Aristóteles argumenta que la materia sola no basta, porque es indeterminada, y que el mejor candidato a sustancia en sentido primero es la forma, o esencia: aquello que hace de una cosa lo que es. Buena parte del libro investiga la esencia: qué es, por qué pertenece ante todo a la sustancia, en qué condiciones una cosa coincide con su esencia y por qué solo la sustancia puede recibir una definición propiamente dicha.
Otra parte trata de la generación, es decir, de cómo las cosas comienzan a existir, ya sea por naturaleza, por arte o por azar. Aristóteles sostiene que, en toda generación, lo que se produce es el compuesto de materia y forma, y que la forma en sí no es generada ni fabricada. De ahí extrae una crítica directa a la teoría de las Formas de Platón: si la forma no es producida y ya está presente en la cosa que llega a ser, postular Formas separadas como modelos no ayuda a explicar la generación.
Contenido del Libro
- El ser tiene muchos sentidos, pero el primero es la sustancia: investigar el ser es investigar la sustancia — (Metafísica - Livro VII 1)
- Lo que las personas y los filósofos consideran sustancia — (Metafísica - Livro VII 2)
- La sustancia como sustrato: materia, forma o el compuesto de ambas — (Metafísica - Livro VII 3)
- Qué es la esencia de una cosa y por qué pertenece ante todo a la sustancia — (Metafísica - Livro VII 4)
- Por qué solo la sustancia puede ser definida: el problema de la nariz respingada — (Metafísica - Livro VII 5)
- Si cada cosa es idéntica a su esencia — (Metafísica - Livro VII 6)
- Cómo las cosas comienzan a existir: la generación por naturaleza, por arte y por azar, y por qué la forma no es generada — (Metafísica - Livro VII 7)
- Nadie fabrica la forma ni la materia, solo el compuesto: por qué las Formas de Platón son inútiles para la generación — (Metafísica - Livro VII 8)
- Por qué algunas cosas surgen espontáneamente y otras no: el papel de la materia — (Metafísica - Livro VII 9)
- Las partes de una cosa entran o no en su definición — (Metafísica - Livro VII 10)
- Qué partes pertenecen a la forma y cuáles a la materia, y por qué no es posible eliminar la materia — (Metafísica - Livro VII 11)
- Por qué una definición es una sola cosa, y no una lista de partes — (Metafísica - Livro VII 12)
- Por qué ningún universal puede ser sustancia — (Metafísica - Livro VII 13)
- Por qué las Formas de Platón no pueden ser a la vez separadas y universales: las consecuencias imposibles — (Metafísica - Livro VII 14)
- Por qué el individuo concreto no puede ser definido, y por qué las Formas de Platón tampoco — (Metafísica - Livro VII 15)
- Las partes y los elementos son solo potencia, no sustancia: 'lo uno' y 'el ser' no son sustancias — (Metafísica - Livro VII 16)
- La sustancia como causa: por qué esta materia forma una sola cosa, y no un montón — (Metafísica - Livro VII 17)
La Unidad de la Definición y la Crítica al Universal
Los capítulos finales enfrentan dos problemas relacionados. El primero es la unidad de la definición: por qué una definición, que une un género y una diferencia, designa una sola cosa y no un montón de partes. El segundo es la cuestión de si el universal, aquello que se predica de muchos, puede ser sustancia. Aristóteles responde que ningún universal es sustancia, porque la sustancia es propia de cada cosa y no es compartida. Este argumento genera una tensión muy debatida por los intérpretes, ya que Aristóteles también identifica la sustancia primera con la forma, y la forma parece tener carácter general. El libro refuerza además la crítica a las Formas de Platón, mostrando que no pueden ser a la vez separadas y universales sin caer en consecuencias que él considera imposibles. El capítulo final retoma la sustancia como causa: aquello que hace de una materia determinada una sola cosa, y no una simple suma de elementos.
Texto y Traducción
La versión en portugués utilizada aquí se apoya en la traducción inglesa de W. D. Ross, publicada en Oxford en 1908 y hoy en dominio público. Las referencias de página siguen la numeración estándar de la edición de Immanuel Bekker (Berlín, 1831), citada por número de página, columna y línea, que es la forma usual de localizar pasajes en cualquier edición de Aristóteles.
Influencia en el Pensamiento Cristiano
Ningún tratado de la Metafísica tuvo mayor consecuencia teológica que el Libro VII, y eso por causa de un único par de conceptos: sustancia y accidente. La sustancia es aquello que una cosa es en sí misma; los accidentes son las propiedades que puede ganar o perder sin dejar de ser lo que es, como el color, el sabor, el peso y el tamaño. Esta distinción, refinada aquí en la investigación de la sustancia, se convirtió en la clave con que Tomás de Aquino y, después, el Concilio de Trento formularon la doctrina católica de la transubstanciación.
“While ‘being’ has all these senses, obviously that which ‘is’ primarily is the ‘what’, which indicates the substance of the thing.”Aristóteles, Metafísica VII (1028a), traducción de W. D. Ross
Según esta doctrina, en la consagración de la Eucaristía la sustancia del pan se convierte en la sustancia del cuerpo de Cristo, y la sustancia del vino en la sustancia de su sangre, mientras que los accidentes del pan y del vino, es decir, el aspecto, el sabor y todo lo que los sentidos perciben, permanecen inalterados. En términos aristotélicos, cambia la sustancia y quedan los accidentes, algo que en la naturaleza nunca ocurre de manera aislada, y que la teología católica afirma como obra propia de Dios. El Concilio de Trento, en 1551, fijó este lenguaje de modo solemne.
“Por aquella conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo, y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo únicamente las especies del pan y del vino, conversión que la Santa Iglesia Católica llama muy apropiadamente transubstanciación.”Concilio de Trento, Sesión 13 (1551), Canon 2 sobre el Sacramento de la Eucaristía
Es importante ser exactos sobre lo que ocurrió históricamente. Aristóteles no pensaba en ningún sacramento, y la propia palabra transubstanciación no existe en él. La Iglesia medieval tomó prestado su par sustancia/accidente para articular, en lenguaje filosófico, una fe en la presencia real de Cristo que es anterior a Aristóteles. La doctrina no fue heredada tal cual de la Metafísica; fue construida adaptando esos conceptos a una realidad que el filósofo nunca consideró.
Relevancia para el Cristiano de Hoy
Para el cristiano de hoy, entender la distinción entre sustancia y accidente ilumina directamente la doctrina eucarística católica. Sin ese par de conceptos, frases como "el pan se convierte en el cuerpo de Cristo, pero sigue con apariencia de pan" suenan contradictorias; con él, la posición católica se vuelve al menos inteligible: lo que cambia es la sustancia, lo que permanece es el conjunto de los accidentes. Conocer esta estructura ayuda a entender por qué la Iglesia Católica habla de cambio real y no de mero símbolo.
Aquí es necesario registrar, con imparcialidad entre las tradiciones cristianas, que esta formulación no es aceptada por todos. Las iglesias de la Reforma rechazan la transubstanciación, y por razones diversas. Parte del protestantismo, siguiendo a Lutero, sostiene alguna forma de presencia real sin aceptar la explicación por el cambio de sustancia; otra parte, en la línea de Calvino, habla de presencia espiritual; y hay tradiciones, como la influenciada por Zuinglio, que entienden la cena sobre todo como memorial simbólico. Una crítica protestante recurrente es precisamente que la categoría filosófica de sustancia, ausente de las Escrituras, fue impuesta a un misterio que el texto bíblico no explica en esos términos. El Libro VII no resuelve esa disputa entre cristianos; solo proporciona el vocabulario con que uno de los lados la formuló, y el lector hace bien en reconocer que aquí las tradiciones divergen de buena fe.