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Metafísica - Livro VI

La Obra y el Libro VI

La Metafísica de Aristóteles (384 a.C. a 322 a.C.) es una colección de catorce tratados reunidos por editores después de la muerte del autor, designados por letras griegas. El Libro VI se llama Épsilon (Ε). Es un libro breve, de apenas cuatro capítulos, que funciona como transición: retoma la idea de una ciencia del ser en cuanto ser del Libro IV, sitúa esa ciencia entre las demás y delimita lo que va a estudiar y lo que dejará fuera.

La División de las Ciencias Teóricas

El primer capítulo distingue tres ciencias teóricas por el tipo de objeto que cada una investiga. La física estudia las cosas que tienen en sí un principio de movimiento y que no existen separadas de la materia. La matemática estudia objetos que no se mueven, pero que, según Aristóteles, tampoco existen separados de las cosas materiales. Por encima de ellas estaría una tercera ciencia, que él llama filosofía primera o teología, cuyo objeto sería lo que es inmóvil y separado de la materia, es decir, lo divino. Hay una tensión conocida en el texto: en unos lugares la ciencia buscada se describe como el estudio del ser en general, y en otros como el estudio de un ser particular y supremo. Los intérpretes discuten cómo conciliar estas dos descripciones, y no hay una lectura única aceptada.

Contenido del Libro

Lo Que Queda Fuera de la Ciencia

Buena parte del libro sirve para excluir dos sentidos de "ser" del campo de esta ciencia. El primero es el ser por accidente, es decir, lo que ocurre por coincidencia, como encontrar a un conocido en la plaza al ir a comprar pan. Aristóteles sostiene que no hay ciencia de lo accidental, porque la ciencia trata de lo que ocurre siempre o en la mayoría de los casos, y el accidente es justamente lo que escapa a esa regularidad. Admite que el azar tiene alguna causa, pero una causa que escapa al tratamiento científico.

El segundo sentido excluido es el ser como verdadero. Decir que algo "es" verdadero o que "no es" falso pertenece, según Aristóteles, al modo en que la mente une o separa conceptos en el juicio, y no a una propiedad de las propias cosas. Por eso lo verdadero y lo falso no pertenecen al estudio del ser en cuanto ser, sino a la investigación del pensamiento. Con estas dos exclusiones, el libro estrecha el campo y prepara la investigación de la sustancia que ocupará el Libro VII.

Texto y Traducción

La versión en español utilizada aquí se apoya en la traducción inglesa de W. D. Ross, publicada en Oxford en 1908 y hoy en dominio público. Las referencias de página siguen la numeración estándar de la edición de Immanuel Bekker (Berlín, 1831), citada por número de página, columna y línea, que es la forma habitual de localizar pasajes en cualquier edición de Aristóteles.

Influencia en el Pensamiento Cristiano

El Libro VI tiene una importancia singular para la historia de la teología: es aquí donde Aristóteles clasifica la filosofía primera, la ciencia de lo que es inmóvil y separado de la materia, como la más alta de las ciencias teóricas, y llega a llamarla teología. Para él, la palabra designaba el estudio racional de lo divino en cuanto principio supremo del ser, no el estudio de un Dios revelado. Aun así, la idea de que puede existir una ciencia ordenada y demostrativa sobre lo divino marcó profundamente la tradición cristiana, que llegó a entender la propia teología como saber y no solo como devoción.

En la escolástica medieval, esta noción fue reelaborada. Tomás de Aquino distinguió la teología natural, que la razón alcanza partiendo de las criaturas, de la teología sagrada, que parte de la revelación, pero la propia idea de que lo divino puede ser objeto de una ciencia rigurosa debe mucho a la división de las ciencias teóricas propuesta en este libro. La tripartición entre física, matemática y filosofía primera proporcionó el mapa intelectual dentro del cual la teología cristiana se ubicó durante siglos.

Es preciso, sin embargo, mantener la distancia exacta. La "teología" de Aristóteles no conoce creación, providencia ni un Dios personal; su principio supremo es antes una causa impersonal del movimiento. Lo que el cristianismo recibió de aquí fue la forma, la ambición de un saber ordenado sobre lo divino, y no el contenido. La adaptación fue profunda, y leer el Libro VI como si ya contuviera la doctrina cristiana sería un anacronismo.

Relevancia para el Cristiano de Hoy

Para el cristiano de hoy, el Libro VI ayuda a entender por qué la palabra "teología" carga la pretensión de ser un conocimiento, y no solo una expresión de fe. La confianza en que es posible pensar de modo ordenado sobre Dios, presente en toda la tradición que va de los Padres a la escolástica, tiene aquí una de sus raíces. Al mismo tiempo, el libro invita a la humildad: la mejor filosofía de la Antigüedad llegó a un principio divino frío y distante, muy por debajo del Dios que el cristianismo confiesa. Esto ilustra tanto el alcance como los límites de la razón dejada a sí misma, un equilibrio que creyentes de distintas tradiciones leen de maneras diferentes.