Capítulos

Metafísica - Livro IX

La Obra y el Autor

La Metafísica de Aristóteles (384 a 322 a.C.) es una colección de catorce tratados reunidos por editores posteriores, no un libro único escrito de una vez. La tradición atribuye la compilación a Andrónico de Rodas, hacia el siglo I a.C., pero este punto es debatido entre los estudiosos. El título Metafísica significa solo "después de la Física" (en griego ta meta ta physika) y probablemente registra la posición de los textos en la lista de obras, no un tema. Aristóteles llama a la disciplina "filosofía primera". Cada libro se identifica por una letra griega; el Libro IX es el Theta. La traducción utilizada aquí sigue la versión inglesa de W. D. Ross, de 1908, con la numeración de pasajes según la paginación de Bekker.

El Libro IX en la Obra

El Libro IX (Theta) trata de la distinción entre potencia (dynamis) y acto (energeia), el par conceptual que Aristóteles ya había empleado en el Libro VIII para explicar la unidad de la sustancia. Potencia es la capacidad que tiene una cosa de cambiar o de ser cambiada, o de hacer algo; acto es la realización efectiva de esa capacidad. El bronce es potencialmente una estatua; la estatua terminada es el acto. El libro define ambos términos, distingue tipos de potencia y defiende la tesis central de que el acto es anterior a la potencia. Gran parte del tratado responde a objeciones de otras escuelas, sobre todo la posición megárica.

Contenido del Libro

Potencias Racionales y la Refutación de los Megáricos

Aristóteles distingue las potencias no racionales, que producen siempre un único efecto, como el fuego que solo calienta, de las potencias racionales, ligadas al conocimiento, que pueden producir efectos contrarios: el médico que sabe curar también sabe, por ese mismo conocimiento, qué enferma. Por eso la potencia racional necesita un deseo o decisión que determine cuál de los dos efectos se realizará. En el capítulo 3 refuta a los megáricos, escuela que sostenía que algo solo tiene una capacidad cuando la está ejerciendo de hecho, de modo que quien no está construyendo no sería capaz de construir. Aristóteles responde que esa posición borra la diferencia entre lo posible y lo actual y lleva a absurdos, pues implicaría que nada existe en potencia y que nada puede comenzar ni dejar de ocurrir.

La Anterioridad del Acto

El argumento más influyente del libro es que el acto es anterior a la potencia en tres sentidos: en la definición (se entiende la capacidad por referencia a su ejercicio, y no al revés), en el tiempo (toda potencia es actualizada por algo ya en acto, como una planta viene de una semilla que viene de otra planta) y en la sustancia. Este último sentido vinculó el Libro IX a la teología del Libro XII, donde Aristóteles sostiene la existencia de una sustancia eterna en acto puro, sin materia ni potencia. El capítulo final trata otro sentido del ser, el ser como verdadero, y sitúa la verdad y la falsedad en el pensamiento que compone o separa, no en las propias cosas.

Transmisión y Texto

El texto griego sobrevivió por manuscritos medievales, en dos familias principales que divergen en ciertos puntos del texto. La obra tuvo amplia recepción en el mundo árabe, con Avicena y Averroes, y fue traducida al latín en el siglo XIII, convirtiéndose en central para la filosofía escolástica. El par potencia y acto en particular fue uno de los instrumentos conceptuales más empleados por los comentaristas medievales. Como en los demás tratados aristotélicos, el texto tiene carácter de notas de clase, denso y a veces elíptico, lo que sostuvo una larga tradición de comentario.

Influencia en el Pensamiento Cristiano

El Libro IX es, quizás, el tratado aristotélico de impacto más directo sobre la teología cristiana, por la tesis de que el acto es anterior a la potencia. Tomás de Aquino convirtió esta tesis en un pilar de su doctrina de Dios. Si todo lo que pasa de la potencia al acto necesita ser movido por algo ya en acto, entonces en el principio de todo debe haber un ser que no tiene ninguna potencia por actualizar, un ser que es puro acto. Ese es el concepto escolástico de Dios como acto puro (actus purus): Dios no tiene nada de potencial, nada que pueda aún llegar a ser, porque es, de una vez y plenamente, todo lo que puede ser. De ahí Aquino deriva la inmutabilidad, la simplicidad y la perfección de Dios. La semilla filosófica está aquí, en Theta, aunque Aristóteles la aplicara a su Motor Inmóvil, no al Dios personal de la revelación cristiana.

“El primer ente debe necesariamente estar en acto y de ningún modo en potencia. Pues, aunque en una cosa que pasa de la potencia al acto la potencia sea anterior en el tiempo al acto, en sentido absoluto el acto es anterior a la potencia, porque lo que está en potencia solo puede ser reducido al acto por algo que ya esté en acto.”

Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 3, a. 1

El pasaje muestra a Aquino retomando casi literalmente el argumento de Theta sobre la anterioridad del acto y convirtiéndolo en prueba de la naturaleza de Dios. Donde Aristóteles decía que toda potencia es actualizada por algo ya en acto, Aquino concluye que el Primer Ser no puede tener potencia alguna.

Relevancia para el Cristiano de Hoy

Para el cristiano, el Libro IX ayuda a entender por qué la tradición clásica afirma que Dios no cambia, no crece y no pasa de un estado a otro: no por frialdad, sino porque ya es la plenitud del ser. Este vocabulario moldeó siglos de teología occidental sobre los atributos divinos. Conviene, sin embargo, mantener la misma honestidad que en los demás libros: el concepto de acto puro nació en una metafísica griega y fue adaptado, no copiado, por la fe cristiana. El Dios de Aristóteles es un principio que se piensa a sí mismo y mueve el mundo como objeto de deseo; el Dios de la Biblia crea, habla, actúa en la historia y se encarna. La escolástica usó la herramienta de Theta para articular a ese Dios, pero la herramienta no es la revelación, y la distancia entre el Motor Inmóvil y el Padre de Jesucristo es real.