A Consolação da Filosofia 2
Escrita na prisão, à espera da execução (c. 524), a obra-prima de Boécio é um diálogo entre o filósofo condenado e a Dama Filosofia: a roda da Fortuna, a verdadeira felicidade e o sumo Bem, o problema do mal e da providência, e a conciliação entre a presciência divina e o livre-arbítrio. Ponte entre a Antiguidade e a Idade Média, foi um dos livros mais lidos do Ocidente medieval
'Pero, ya que mis razonamientos comienzan a obrar un efecto calmante en tu mente, creo que puedo recurrir a remedios un tanto más fuertes. Vamos, supón ahora que los dones de la Fortuna no fuesen fugaces y transitorios: ¿qué hay en ellos capaz de jamás tornarse verdaderamente tuyo, o que no pierda valor cuando mirado con firmeza y pesado con justicia en la balanza? ¿Serán las riquezas, te pregunto, preciosas por tu naturaleza o por la de ellas? ¿Qué son ellas sino mero oro y montones de dinero? Y esas bellas cosas muestran mejor su cualidad en el gasto que en el atesoramiento; pues supongo que es claro que la ganancia torna a los hombres odiosos, mientras que la liberalidad trae fama. Pero lo que se transfiere a otro no puede permanecer en la propia posesión; y si es así, entonces el dinero solo es precioso cuando dado, y, al ser transferido a otros, deja de ser nuestro. De nuevo, si todo el dinero del mundo fuese acumulado en la posesión de un solo hombre, todos los otros quedarían pobres. El sonido llena los oídos de muchos al mismo tiempo sin ser quebrado en partes, pero tus riquezas no pueden pasar a muchos sin reducirse en el proceso. Y cuando eso ocurre, han de necesariamente empobrecer a aquellos que las dejan. ¡Cuán pobre y estrecha cosa, entonces, es la riqueza, que más de uno no puede poseer como un todo entero, que no cabe a la suerte de hombre alguno sin el empobrecimiento de todos los demás! ¿O será el brillo de las gemas lo que seduce el ojo? Sin embargo, por más raramente excelente que sea su esplendor, recuerda que la luz reluciente está en las joyas, no en el hombre. De hecho, mucho me sorprende la admiración que los hombres tienen por ellas; pues ¿qué puede con razón parecer bello a un ser dotado de vida y razón, si le falta el movimiento y la estructura de la vida? Y aunque tales cosas, en fin, reciban más belleza del cuidado de su Creador y de su propio brillo, sin embargo de modo alguno merecen vuestra admiración, ya que su excelencia está puesta en un grado inferior al vuestro. '¿Os deleita la belleza de los campos? Sin duda, sí; es una bella parte de un todo muy bello. Y con razón, de hecho, a veces disfrutamos la calma serena del mar, admiramos el cielo, las estrellas, la luna, el sol. Pero ¿será alguna de esas cosas tarea tuya? ¿Te atreves a jactarte de la belleza de cualquiera de ellas? ¿Eres tú adornado con las flores de la primavera? ¿Es tu fertilidad la que se hincha en los frutos del otoño? ¿Por qué te conmueves con arrebatos vacíos? ¿Por qué abrazas una excelencia ajena como si fuese tuya? Nunca la fortuna hará tuyo aquello que la naturaleza de las cosas excluyó de tu propiedad. Sin duda, los frutos de la tierra son dados para el sustento de las criaturas vivientes. Pero si te contentas en suplir tus necesidades hasta donde basta a la naturaleza, no hay razón para recurrir a la largueza de la fortuna. La naturaleza se contenta con pocas cosas, y con bien pocas de ellas. Si estás dispuesto a forzar lo superfluo sobre ella cuando ya está satisfecha, lo que acrecientes se mostrará o desagradable o nocivo. Pero, ahora, te parece elegante relucir en vestiduras de colores variados; sin embargo, si de hecho hay algún placer en ver tales cosas, es la textura o la habilidad del artista la que yo he de admirar. '¿O tal vez sea un largo cortejo de siervos lo que te hace feliz? Ahora bien, si ellos se comportan viciosamente, son una carga ruinosa para tu casa, y sumamente peligrosos para el propio señor; mientras que, si son honestos, ¿cómo puedes contar la virtud de otros hombres en la suma de tus posesiones? De todo esto queda claramente probado que ninguna de esas cosas que cuentas en el número de tus posesiones es realmente tuya. Y si no hay en ellas belleza a ser deseada, ¿por qué habrías de afligirte con su pérdida o de alegrarte con su posesión continua? Mientras que, si son bellas por su propia naturaleza, ¿qué es eso para ti? ¿No serían menos agradables en sí mismas, aunque nunca incluidas entre tus posesiones? Pues no derivan su preciosidad de ser contadas en tus riquezas; antes, fuiste tú quien eligió contarlas en tus riquezas porque te parecían preciosas. 'Entonces, ¿qué buscáis con todo ese alboroto a respecto de la fortuna? Alejar la pobreza, supongo, por medio de la abundancia. Y, sin embargo, encontráis el resultado justamente contrario. Ahora bien, esa variada colección de mobiliario precioso precisa de más accesorios para su protección; es dicho verdadero que más carece quien más posee e inversamente, muy poco carece quien mide su abundancia por las exigencias de la naturaleza, no por lo superfluo de la vana ostentación. ¿No tenéis ningún bien propio plantado dentro de vosotros, que buscáis vuestro bien en cosas externas y separadas? ¿Estará la naturaleza de las cosas tan invertida que una criatura divina por derecho de razón no puede de otro modo ser espléndida a los propios ojos sino por la posesión de bienes sin vida? Sin embargo, mientras las otras cosas se contentan con lo que es suyo, vosotros, que en vuestro intelecto sois semejantes a Dios, buscáis en las más ínfimas de las cosas adorno para una naturaleza de excelencia suprema, y no percibís cuán grande ultraje hacéis a vuestro Creador. Su voluntad fue que la humanidad superase todas las cosas de la tierra. Vosotros rebajáis vuestro valor debajo de las más ínfimas de las cosas. Pues si aquello en que cada cosa encuentra su bien es claramente más precioso que aquello cuyo bien es él, por vuestra propia estimativa os colocáis debajo de las más viles de las cosas, cuando juzgáis que esas cosas viles son vuestro bien: ni eso ocurre sin merecimiento. De hecho, el hombre es constituido de tal modo que solo entonces supera las otras cosas cuando se conoce a sí mismo; pero es rebajado debajo de las bestias si pierde ese autoconocimiento. Pues que las otras criaturas se ignoren a sí mismas es natural; en el hombre se revela como un defecto. ¡Cuán extravagante, entonces, es este vuestro error, al pensar que algo puede ser embelecido por adornos que no son suyos. No puede ser. Pues si tales accesorios añaden algún brillo, es a los accesorios a que le cabe el elogio, mientras que aquello que ellos velan y cubren permanece en su primitiva fealdad. Y digo de nuevo: no es bien aquello que perjudica a su poseedor. ¿No es verdad esto? No, es bien verdad, dices tú. Y, sin embargo, las riquezas muchas veces hirieron a los que las poseyeron, ya que los peores de los hombres, aún más codiciosos en razón de su maldad, juzgan que nadie sino ellos es digno de poseer todo el oro y las gemas que el mundo contiene. Así tú, que ahora temes lanza y espada, podrías haber entonado una canción "en la cara del salteador", si hubieses entrado en el camino de la vida de bolsillos vacíos. ¡Oh, admirable bienaventuranza de la riqueza perecedera, cuya adquisición te roba la seguridad!'