Concordia do Livre Arbítrio - Parte VII 7

Parte VII - Sobre a predestinação e a reprovação

Miembro IV: En el que examinamos el parecer de quienes afirman que la previsión del buen uso del libre arbitrio, en tanto que antecede, al menos por prioridad de naturaleza, a la primera gracia justificante, es la razón de la predestinación de los adultos

1. Enrique de Gante (Quodlibeta, 4, q. 19) sostiene que de la predestinación con respecto a su efecto no se debe aducir una causa en sentido propio, sino que en el predestinado habría que buscar la razón por la que Dios le habría querido conferir este don antes que a otro y por la que, en consecuencia, él habría sido predestinado antes que otro, del mismo modo que en el adulto habría que buscar la razón por la que uno recibe la gracia primera antes que otro. Pues como, según dice, Dios está dispuesto a ayudar a todos, aunque en el adulto no se pueda buscar razón alguna de mérito, sin embargo, en él habría una causa de congruidad, sin la cual ─y no a causa de la cual─ no recibiría la gracia que a otro se le deniega por no darse en él esta misma causa. Afirma de manera genérica que para nosotros resulta totalmente imposible saber qué congruidades se dan en nosotros y que debemos exclamar con San Pablo (Romanos, XI, 33): «¡Oh, profundidad de la riqueza…»; y también: «¡Cuán insondables son sus juicios…». Sin embargo, dice que un ejemplo apropiado de esto sería el de dos pecadores adultos cuyos corazones se excitan por el impulso de la gracia previniente, pero uno, en virtud de su libertad y de su maldad, la rechaza de inmediato y el otro no. Pues aunque ninguno de los dos merezca la gracia primera, sin embargo, no resulta inapropiado que Dios ayude a uno más que al otro y lo conduzca a la gracia, como así sucede. Por tanto, en el caso de estos hombres, la razón por la que uno recibe la gracia antes que el otro, es la congruidad que podemos reconocer en él, por el uso de su libre arbitrio, pero no en el otro; y la previsión de esta congruidad sería la razón por la que desde la eternidad Dios habría querido para él la gracia primera antes que para el otro; también sería la razón por la que, en caso de que persevere en la gracia hasta el final de su vida, sería predestinado antes que el otro. San Buenaventura (In I, dist. 41, art. 1, q. 1 y 2) y Alejandro de Hales (Summa Theologica, I, q. 28, m. 3, art. 1 y 3) defienden este mismo parecer.