Concordia do Livre Arbítrio - Parte II 11

Parte II - Sobre a cooperação geral de Deus

Disputa XXXV: ¿Desaparecería la contingencia de las cosas, si Dios influyese por necesidad de naturaleza, junto con el libre arbitrio y otras causas segundas, sobre las obras naturales exactamente del mismo modo en que realmente y con libertad influye ahora?

1. Duns Escoto en In I Sent. (dist. 2, q. 2; dist. 8, q. 5; dist. 39) y en In II Sent. (dist. 1, q. 3) afirma que si Dios actuase por necesidad de naturaleza, ningún efecto sería contingente, sino que todo acontecería de manera necesaria. De ahí que en In II Sent. (q. 3) afirme que, cuando los filósofos sostienen, por una parte, que Dios obra por necesidad de naturaleza y, por otra parte, que algunos efectos son contingentes, dicen cosas que en el fondo se contradicen. Debemos advertir que en este pasaje Escoto no sólo sostiene que si se afirma que Dios es omnipotente ─es decir, capaz de hacer todo aquello que no implique contradicción, como enseña la fe católica─ y, al mismo tiempo, que obra por necesidad de naturaleza, se está cayendo en contradicción ─ciertamente, esto es verdad, porque habría una infinidad de cosas en acto, la potencia divina se agotaría, se producirían cosas opuestas entre y, al tener Dios capacidad de producir por separado cada una de las cosas, si obrase por necesidad de naturaleza, produciría al mismo tiempo cada una de ellas &c.─, sino que también sostiene que si este universo fuese tal como es ahora y Dios influyese por necesidad de naturaleza con el mismo influjo con que en realidad y libremente influye ahora sobre él, desaparecería totalmente la contingencia de las cosas; por esta razón, afirma que los filósofos sostuvieron en el fondo cosas contradictorias, cuando, por una parte, dijeron que Dios obra por necesidad de naturaleza y cuando, por otra parte, defendieron la contingencia de muchos efectos. Además, es evidente que este es el parecer de Escoto, tanto por lo que dice, como por las razones que aduce como demostración; en este sentido lo impugnan Cayetano y otros discípulos de Santo Tomás; también en este sentido lo defienden Antonio de Córdoba (Quaestionarium theologicum, lib. 1, q. 55, dub. 4), Francisco Lycheto (In I Sent., d. 39, n. 12 comm., n. 3) y otros discípulos de Escoto.