2 Crónicas 14
Asá hizo lo que era bueno y recto a los ojos del Señor, su Dios.
Suprimió los altares extranjeros y los santuarios de los altos, rompió las estelas y abatió los cipos.
Exhortó a Judá a buscar al Señor, Dios de sus padres, y a cumplir la ley y los preceptos.
Suprimió los santuarios de los altos y los altares de incienso en todas las ciudades de Judá. El reino gozó de paz bajo su reinado.
Construyó ciudades fuertes en Judá, porque el país estaba en paz y, por aquellos años, nadie le hizo la guerra —pues el Señor le había dado sosiego—.
Por ello dijo a los judaítas: «Vamos a construir estas ciudades y a rodearlas de murallas con torres, puertas y cerrojos, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado al Señor, nuestro Dios, él nos ha concedido la paz con nuestros vecinos». Construyeron con éxito.
Asá tenía un ejército de trescientos mil hombres de Judá, armados de pavés y lanza, y de doscientos ochenta mil benjaminitas, armados de escudo y arco. Todos eran valientes guerreros.
Zéraj de Cus salió al encuentro de Asá con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros. Cuando llegó a Maresá,
Asá le hizo frente y formaron en orden de batalla en el valle de Sefatá, junto a Maresá.
Asá invocó al Señor, su Dios: «Señor, nadie como tú puede ayudar al poderoso o al desvalido. ¡Ayúdanos, Señor, Dios nuestro, que en ti nos apoyamos y en tu nombre vamos contra esa multitud! ¡Señor, tú eres nuestro Dios! ¡No prevalezca hombre alguno sobre ti!».
El Señor derrotó a los cusitas ante Asá y Judá. Los cusitas huyeron,
pero Asá los persiguió con su ejército hasta Guerar. Cayeron los cusitas hasta no quedar ni uno vivo; fueron destrozados por el Señor y sus huestes. Se obtuvo un inmenso botín.
Atacaron las ciudades de los alrededores de Guerar, que estaban presas del terror del Señor, y las saquearon, pues había en ellas un gran botín.
Atacaron asimismo las tiendas de los pastores y capturaron gran cantidad de ovejas y de camellos. Después volvieron a Jerusalén.