Testamento de Salomón 20
Salomón oye el conflicto entre el hombre viejo y su hijo
Y en aquellos días uno de los trabajadores, de edad avanzada, se postró ante mí y dijo:
“Rey Salomón, ten piedad de mí, porque soy viejo.”
Entonces yo le ordené que se levantara y dije: "Dime, viejo, todo lo que quieras."
Y él respondió: "Te suplico, rey, tengo un único hijo, y él me insulta y me golpea abiertamente,
y arranca los cabellos de mi cabeza, y me amenaza con una muerte dolorosa.
Por lo tanto, te suplico que me vengues."
Y yo, Salomón, al oír esto, sentí un fuerte malestar al mirar su vejez;
y ordené que me trajeran al niño.
Y cuando fue traído, le cuestioné si era verdad.
Y el joven dijo: “Yo no estaba tan loco como para golpear a mi padre con la mano.
Sé gentil conmigo, oh rey. Pues no osé cometer tal impiedad, pobre miserable que soy”.
Mas yo, Salomón, al oír esto del joven, exhorté al viejo a reflexionar sobre el asunto y aceptar las disculpas de su hijo.
No obstante, él no lo haría, sino que dijo que prefería dejarlo morir.
El demonio Ornias profetiza que el joven iba a morir
Y como el viejo no cedería, yo estaba a punto de pronunciar la sentencia sobre el joven, cuando vi al demonio Ornias riendo.
Me enojé mucho con la risa del demonio en mi presencia;
y ordené a mis hombres que removieran las otras partes y presentaran a Ornias ante mi tribunal.
Y cuando fue traído ante mí, le dije: “Maldito, ¿por qué me miraste y te reíste?”
Y el demonio respondió: “Te pido disculpas, rey, no fue por tu causa que me reí, sino a causa de este viejo desdichado y del joven miserable, su hijo.
Pues después de tres días su hijo morirá prematuramente; y el viejo desea acabar con él”.
Mas yo, Salomón, habiendo oído esto, le dije al demonio: “¿Es verdad lo que hablas?”
Y él respondió: “Es verdad, oh rey.”
Y yo, al oír esto, les ordené que removieran al demonio y que nuevamente trajeran ante mí al anciano con su hijo.
Les ordené que hicieran amistad nuevamente y les di comida.
Y entonces le dije al anciano después de tres días que trajera a su hijo nuevamente a mí aquí;
y, dije, “yo lo cuidaré.”
Y ellos me saludaron y siguieron su camino.