Testamento de Salomón 18

Salomón interroga a treinta y seis cuerpos celestes y aprende sus actividades y lo que las frustran

Y Yo ordené que otro demonio viniera antes de mí.
Y vinieron ante treinta y seis espíritus, sus cabezas disformes como perros, pero en mismos ellos eran humanos en forma; con rostros de asnos, rostros de bueyes y rostros de pájaros.
Y yo, Salomón, al oírlos y verlos, quedé maravillado, y les pregunté y dije: “¿Quiénes son ustedes?”
Pero ellos, de acuerdo con una sola voz, dijeron: “Nosotros somos los treinta y seis elementos, los gobernantes mundiales de esta oscuridad.
Pero, oh rey Salomón, no nos dañarás ni nos encadenarás, ni nos impondrás órdenes; pero puesto que el Señor Dios te dio autoridad sobre todo espíritu, en el aire, en la tierra y debajo de la tierra,
por tanto, también nos presentamos ante ti como los otros espíritus, de carnero y toro, de gemelos y cangrejos, león y virgen, escamas y escorpión, arquero, cuerno de cabra, derramador de agua y pez.”
Entonces yo, Salomón, invoqué el nombre del Señor de los Ejércitos y cuestioné a cada uno por su turno, cuál era su carácter.
Y ordené a cada uno que se presentara y contara sus acciones. Entonces el primero se adelantó y dijo:
“Yo soy el primer decano del círculo zodiacal, y soy llamado carnero, y conmigo están estos dos.”
Entonces yo les hice a ellos la pregunta: “¿Por cuál nombre eres llamado?” El primero dijo:
“Yo, oh Señor, soy llamado Ruax, y hago que las cabezas de los hombres se queden ociosas y saqueo sus frentes. Pero déjame apenas escuchar las palabras, Miguel, aprisione a Ruax', e inmediatamente me retiro.”
Y el segundo dijo: “Me llamo Barsafael, y hago que aquellos que están sujetos a mi hora sientan el dolor de la migraña. Si tan solo yo escucho las palabras 'Gabriel, aprisione a Barsafael', inmediatamente me retiro.”
El tercero dijo: “Me llamo Arotosael. Yo daño los ojos gravemente. Apenas déjame escuchar las palabras, 'Uriel, aprisione a Aratosael', e inmediatamente me retiro (del lugar) .”
El quinto dijo: “Yo soy llamado Iudal, y traigo bloqueo en los oídos y sordera en la audición. Si yo escucho, 'Uriel aprisione a Iudal,' yo inmediatamente recuo.”
El sexto dijo: “Yo soy llamado Esfendonael . Yo causo tumores de la glándula parótida, inflamaciones de las amígdalas y recurvación tetánica. Si yo escucho, 'Sabrael, aprisione a Esfendonael ,' inmediatamente recuo.''
Y el séptimo dijo: “Yo soy llamado Sphandor, y causo el debilitamiento de la fuerza de los hombros, y los hago temblar; y paralizo los nervios de las manos, y quiebro y machaco los huesos del cuello. Y yo, yo chupo la médula. Pero si yo escucho las palabras, 'Arael, aprisione a Sphandor', yo inmediatamente retrocedo.”
Y el octavo dijo: “Yo soy llamado Belbel. Yo distorsiono los corazones y las mentes de los hombres. Si yo escucho las palabras 'Arael, aprisione a Belbel', yo inmediatamente reculo.”
Y el noveno dijo: “Yo soy llamado Kurtael. Yo envío cólicos en las entrañas. Yo induzco dolores. Si yo escucho las palabras, 'Iaote, aprisione a Kurtael,' yo inmediatamente retrocedo.”
El décimo dijo: “Yo soy llamado Metathiax. Yo hago que los riñones duelan. Si yo escucho las palabras 'Adonael, aprisione a Metathiax', yo inmediatamente recuo.”
El décimo primero dijo: “Yo soy llamado Katanikotael. Yo creo conflictos e injusticias en los hogares de los hombres, y les envío un temperamento difícil.
Si alguien quiere estar en paz en su casa, que escriba en siete hojas de laurel el nombre del ángel que me frustra, junto con estos nombres:
Iae, Ieo, hijos de los ejércitos, en nombre del gran Dios que se cierre hasta Katanikotael.
Entonces deje que lave las hojas de laurel con agua y rocíe su casa con el agua, de adentro hacia afuera. E inmediatamente retrocedo.”
El décimo segundo dijo: “Me llamo Saphatorael, y yo inspiro el partidismo en los hombres, y me deleito en hacerlos tropezar.
Si alguien escribe en el papel estos nombres de ángeles, Iaco, Iealo, Ioelet, sus anfitriones, Ithoth, Bae, y después de doblarlo, usarlo alrededor del cuello o contra la oreja, yo inmediatamente retrocedo y disipo el ataque de embriaguez.”
La décima tercera decía: “Me llamo Bothothel', y causo enfermedades nerviosas con mis asaltos. Si yo escucho el nombre del gran 'Adonael, aprisione Bothothel', yo inmediatamente retrocedo.”
El décimo cuarto dijo: “Me llamo Kumeatel, y yo inflijo temblores y estupor. Si al menos yo escucho las palabras: 'Zoroel, aprisione Kumentael', yo inmediatamente retrocedo.”
El décimo quinto dijo: “Me llamo Roeled. Yo causo frío, hielo y dolor en el estómago. Déjeme apenas escuchar las palabras: 'Iax, no espere, no se caliente, pues Salomón es más bello que once padres', yo inmediatamente me retiro.”
El décimo sexto dijo: “Me llamo Atrax. Yo inflijo a los hombres fiebres imposibles de remediar y perjudiciales.
Si usted quiere prenderme, pique el cilantro y páselo en los labios, recitando el siguiente hechizo:
'La fiebre que viene de la suciedad. Yo te exorcizo por el trono del Dios Altísimo, apártate de la suciedad y apártate de la criatura moldeada por Dios.' E inmediatamente yo retrocedo.”
y donde quiera que yo sea encontrado, o encuentre a un hombre, yo lo derribo.
Mas si alguien dice al oído del afligido estos nombres, tres veces, en el oído derecho: ' La fiebre, que es de suciedad. Yo te exorcizo por el trono del Dios Altísimo, el retroceso de la suciedad y del retroceso de la criatura formada por Dios ', yo inmediatamente retrocedo.”
El décimo octavo dijo: “Me llamo Buldumech. Yo separo a la esposa del marido y creo rencor entre ellos.
Si alguien escribe los nombres de sus señores, Salomón, en un papel y lo coloca en la ante sala de su casa, yo me retiro de allí.
Y la leyenda escrita será la siguiente: '¡El Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob te ordena! Retírate de esta casa y déjala en paz.' Y yo inmediatamente me retiro.
El décimo noveno dijo: “Me llamo Nathath, y tomo mi asiento sobre las rodillas de los hombres. Si alguien escribe en el papel: 'Phnunoboeol, aparta a Nathath de y que él no toque mi cuello', yo inmediatamente me retiro.”
El vigésimo dijo: “Me llamo Mardero. Yo envío a los hombres una fiebre incurable. Si alguien escribe en la hoja de un libro: 'Sphener, Rafael, sáquenlo de aquí , arrástrenlo, y desuéllenlo , y átenlo por el cuello’, que yo inmediatamente retrocedo.”
El vigésimo primero dijo: “Me llamo Alath, y yo causo tos y respiración difícil en niños. Si alguien escribe en el papel: 'Rorex, persigue a Alath, y préndelo alrededor del cuello’, yo inmediatamente me retiro (del lugar) .”
El vigésimo tercero dijo: “Me llamo Nephthada. Yo hago que los riñones duelan, y yo provoco una descarga dolorosa de orina. Si alguien escribe en un plato de estaño las palabras: 'Iathoth y Uriel, persigan a Nephthada, y préndanla alrededor de los lomos’, yo inmediatamente me retiro.”
El vigésimo cuarto dijo: “Me llamo Akton. Provoco costillas y músculos lumbares doloridos.
Si alguien graba en material de cobre, retirado de un barco que perdió su fondeadero, esto: 'Marmaroth, Sabaoth, persigue a Akton, y atadlo alrededor de los lomos', retrocedo inmediatamente.
El vigésimo quinto dijo: “Me llamo Anatreth, y destrozo quemaduras y fiebres en las entrañas. Mas si oigo: 'Arara, Charara', instantáneamente, retrocedo.”
El vigésimo sexto dijo: “Me llamo Enenuth. Robo la mente de los hombres, cambio sus corazones y vuelvo a un hombre sin dientes. Si alguien escribe: 'Allazool, persigue a Enenuth, y ata el papel a su alrededor', retrocedo inmediatamente.”
El vigésimo séptimo dijo: “Me llamo Axiopheth. Vuelvo tísicos a los hombres y causo hemorragias.
Si alguien me exorciza en vino, con olor dulce y sin mezcla en el undécimo eón, y dijera:
'Te exorcizo en el undécimo eón para que te detengas, te lo exijo, Axiôphêth', entonces dáselo de beber al paciente, retrocederé inmediatamente.”
El vigésimo octavo dijo: “Me llamo Harpax y envío insomnio a los hombres. Si alguien escribe 'Kokphnedismos' y lo ata en las sienes, me retiro inmediatamente.”
El vigésimo noveno dijo: “Me llamo Anoster. Genero manía uterina y dolores en la vejiga.
Si alguien coloca un polvo en aceite puro y tres semillas de laurel y lo mancha, diciendo: 'Te exorcizo, Anoster. Y que Marmaroth te detenga', de inmediato me retiro.”
El trigésimo dijo: “Me llamo Alleborith. Hago que la gente se atragante con espina de pescado. Empero, si la persona masajea el área y dice: ‘Serafines, Querubines, ayudadme’, me retiro.”
El trigésimo primero dijo: “Me llamo Hephesimireth y causo una enfermedad persistente.
Si tiras sal, frotada en la mano, en aceite y lo esparces en el paciente, diciendo:
'¡Serafines, Querubines, ayudadme!' Inmediatamente me retiro.
El trigésimo segundo dijo: “Me llamo Ichthion. Paralizo los músculos y los lastimo. Si escucho '¡Adonael, socorro!' Inmediatamente me retiro.
El trigésimo tercero dijo: “Me llamo Agchonion. Me acuesto entre paños y en el precipicio.
Y si alguien escribe en hojas de higuera 'Lycurgos', quitando una letra a la vez,
y escribe invirtiendo las letras, me retiro inmediatamente. Lycurgos, ycurgos, curgos, urgos, gos, os.'”
El trigésimo cuarto dijo: “Me llamo Autothith. Provoco rencores y peleas. Por lo tanto, estoy frustrado con el Alfa y el Omega, si son escritos”.
El trigésimo quinto dijo: “Me llamo Phthenoth. Lanzo mal de ojo a todos los hombres. Por lo tanto, el ojo que sufre mucho, si es atraído, me frustra.”
El trigésimo sexto dijo: “Yo soy llamado Bianakith. Tengo rencor contra el cuerpo.
Destruyo casas, hago que la carne se descomponga y todo lo demás es semejante.
Si un hombre escribe en la puerta principal de su casa: 'Melto, Ardu, Anaath,' yo huyo de ese lugar.”
Y yo, Salomón, cuando esto, glorifiqué al Dios del cielo y de la tierra.
Y les ordené que buscaran agua en el Templo de Dios.
Y, además, oré al Señor Dios para hacer que los demonios externos, que obstaculizan a la humanidad, fueran atados y llevados a acercarse al Templo de Dios.
A algunos de estos demonios los condené a hacer el trabajo pesado de la construcción del Templo de Dios.
A otros los encerré en prisiones.
A otros, les pedí preparar el fuego para moldear el oro y la plata, sentándose con plomo y cuchara.
Y para preparar lugares para los otros demonios en los cuales debían ser confinados.