Testamento de Salomón 16

Salomón interroga a Kunopaston, el cruel demonio caballo marino

Y habiendo alabado a Dios, ordené a otro espíritu que viniera delante de mí;
y apareció delante de otro demonio, teniendo al frente la forma de un caballo, pero atrás la de un pez.
Y él tenía una voz poderosa y me dijo: “Oh rey Salomón, yo soy un espíritu feroz del mar y soy ávido por oro y plata.
Yo soy un espíritu que se redondea y viene sobre las extensiones de las aguas del mar, y hago tropezar a los hombres que en él navegan.
Pues yo me envuelvo en una ola, y me transformo, entonces me arrojo a los navíos y voy directo hacia ellos.
Y ese es mi negocio, y mi manera de conseguir dinero y hombres.
Pues yo tomo a los hombres, y los giro conmigo mismo, y los lanzo fuera del mar.
Pues no soy codicioso de los cuerpos de los hombres, sino que los lancé lejos del mar.
Mas como Belcebú, gobernante de los espíritus del aire y de aquellos bajo la Tierra,
y señor de los terrenos, tiene una realeza conjunta con nosotros en relación a los hechos de cada uno de nosotros, por lo tanto,
subí del mar, para obtener una cierta perspectiva en su empresa.
Pero también tengo otro personaje y papel.
Me metamorfoseo en olas, y subo del mar.
Y yo me muestro a los hombres, para que los de la Tierra me llamen Kunospaston, porque asumo la forma humana.
Y mi nombre es verdadero. Pues por mi paso hacia los hombres, yo envío una cierta náusea.
Vine entonces para aconsejarme con el príncipe Belcebú; y él me ató y me entregó en tus manos.
Y yo estoy aquí delante de ti a causa de este sello, y ahora me atormentas.
Observa ahora, en dos o tres días el espíritu que conversó contigo va a fallar, porque no tendré agua.”
Y yo le dije: “Dime por cuál ángel estás frustrado.”

El demonio Kunospaston, frustrado por el ángel Iameth, es sellado dentro de una taza y es almacenado dentro del Templo de Dios

Y él respondió: "Por el ángel Iameth."
Y yo glorifiqué a Dios.
Yo ordené que el espíritu fuera arrojado en un frasco junto con diez jarros de agua de mar de dos medidas cada uno.
Y los sellé por encima de los mármoles y asfalto y pez en la boca de la nave.
Y habiéndolo sellado con mi anillo, ordené que fuera depositado en el Templo de Dios.
Y ordené que otro espíritu viniera delante de mí.