Evangelio de Nicodemo 5

Cierto judío de nombre Nicodemo se puso delante del gobernador y dijo: “Te ruego, bondadoso como eres, permíteme decir unas palabras”. Pilato respondió: “Habla”. Y Nicodemo dijo: “He hablado en estos términos a los ancianos, a los levitas, a la multitud entera de Israel reunida en la sinagoga: ‘¿Qué pretendéis hacer con este hombre? Él obra muchos milagros y prodigios como ningún otro fue ni será capaz de hacer. Dejadlo en paz y no traméis nada contra él; si sus prodigios tienen origen divino, permanecerán firmes; por el contrario, si tienen origen humano, se disiparán. Pues también Moisés, cuando fue enviado de parte de Dios a Egipto, hizo muchos prodigios, previamente señalados por Dios, en presencia del Faraón, rey de Egipto. Y estaban allí algunos hombres al servicio del Faraón, Jannes y Jambres, los cuales obraron, a su vez, no pocos prodigios como los de Moisés, y los habitantes de Egipto tenían a Jannes y a Jambres por dioses. Pero como sus prodigios no provenían de Dios, perecieron, así como los que les daban crédito. Y ahora, dejad libre a este hombre, pues no es digno de morir’.”
Los judíos dijeron entonces a Nicodemo: “Tú te has hecho discípulo suyo y por eso hablas en su favor”. Nicodemo les dijo: “Pero entonces, ¿también el gobernador se ha hecho discípulo suyo porque habla en su defensa? ¿No lo colocó César en este cargo?” Los judíos estaban con mucha rabia y rechinaban los dientes contra Nicodemo. Pilato les dijo: “¿Por qué rechináis los dientes contra él al oír la verdad?” Los judíos dijeron a Nicodemo: “Para ti tu verdad y tu parte”. Nicodemo dijo: “Amén, amén, que así sea como habéis dicho”.