Evangelio de Nicodemo 16

Cuando los archisinagogos, sacerdotes y levitas oyeron estas palabras de los labios de José, quedaron como muertos y cayeron al suelo. Y ayunaron hasta la hora nona. Entonces Nicodemo y José se pusieron a animar a Anás y Caifás, a los sacerdotes y a los levitas, diciendo: “Levantaos, quedaos en pie y robusteced vuestras almas, pues mañana es el Sábado del Señor”. Y con esto se levantaron, oraron a Dios, comieron, bebieron y cada uno volvió a su casa.
En el sábado siguiente, nuestros doctores se reunieron en consejo, así como los sacerdotes y levitas, discutiendo entre y diciendo: “¿Qué será esta cólera que se ha formado sobre nosotros? Porque, por nuestra parte, conocemos bien a su padre y a su madre”. Entonces, Leví el doctor dijo: “Conozco a sus padres y que son temerosos de Dios, que no descuidan sus votos y que tres veces al año dan sus diezmos. Cuando Jesús nació, lo trajeron a este lugar y ofrecieron a Dios sacrificios y holocaustos. Y el gran doctor Simeón, al tomarlo en sus brazos, dijo: ‘Ahora despides a tu siervo en paz, Señor, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado a la vista de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo de Israel’. Y Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: ‘Te doy buenas nuevas con relación a este niño’. María dijo: ‘¿Buenas, señor?’ Y Simeón respondió: ‘Buenas; mira, este está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal de contradicción. Tu propia alma será atravesada por una espada de modo que los pensamientos de muchos queden al descubierto’.”
Y, cuando le interrogaron, él respondió: “¿Por qué no creísteis en mi hijo? El bienaventurado y justo Simeón en persona le enseñó la ley”. Y el consejo le dijo: “Maestro Leví, ¿es verdad lo que dijiste?” Él respondió: “Es verdad”. Y los archisinagogos, sacerdotes y levitas dijeron entre sí: “¡Ea! Enviemos a Galilea a los tres hombres que vinieron a traer a nuestro conocimiento su doctrina y su ascensión, y que nos digan de qué manera lo vieron elevarse”. Y esta proposición agradó a todos. Enviaron, pues, a los tres hombres que los habían acompañado anteriormente hasta Galilea con esa incumbencia: “Decid al maestro Adas, al maestro Finees y al maestro Ageo: ‘Que la paz esté con vosotros y con los que están en vuestra compañía’. Habiendo habido una gran discusión en este consejo, venimos para llevaros a este lugar santo de Jerusalén”.
Se pusieron, pues, los hombres en camino hacia Galilea y los encontraron sentados y absortos con el estudio de la ley. Les dieron un abrazo de paz. Entonces dijeron los varones galileos a quienes habían ido a buscar: “Que la paz esté en todo Israel”. Y dijeron los enviados: “Que la paz esté con vosotros”. Y aquellos dijeron de nuevo: “¿A qué vinisteis?” Los enviados respondieron: “Os llama el consejo de la santa ciudad de Jerusalén”. Cuando aquellos hombres oyeron que eran buscados por el consejo, hicieron oraciones a Dios, se sentaron a la mesa con los enviados, comieron, bebieron, se levantaron y se pusieron tranquilamente en camino hasta Jerusalén.
Al día siguiente, el consejo se reunió en la sinagoga y los interrogaron diciendo: “¿Es verdad que visteis a Jesús sentado en el monte Mamilch dando instrucciones a sus once discípulos y que presenciasteis su ascensión?” Y los hombres respondieron de esta manera: “De la misma manera que lo vimos al ser elevado, así os contamos”.
Entonces Anás dijo: “Separémoslos unos de otros y veamos si sus declaraciones coinciden”. Y fueron separados. Después, en primer lugar, llamaron a Adas y le dijeron: “Maestro, ¿cómo contemplaste la ascensión de Jesús?” Adas respondió: “Mientras aún estaba sentado en el monte Mamilch y daba instrucciones a sus discípulos, vimos una nube que cubrió a todos con su sombra; después, la misma nube elevó a Jesús hasta el cielo, mientras que los discípulos yacían con sus rostros en la tierra”. En seguida llamaron a Finees, sacerdote, y le preguntaron también: “¿Cómo contemplaste la ascensión de Jesús?” Y él habló de manera semejante. Interrogaron también a Ageo, que respondió de manera semejante. Entonces él dijo al consejo: “Está contenido en la ley de Moisés: ‘Por boca de dos o tres toda palabra será firme’.” Y el maestro Buthem añadió: “Está escrito en la ley: ‘Y paseaba Enoc con Dios, y ya no existe, porque Dios se lo llevó consigo’.” También el maestro Jairo dijo: “También oímos hablar de la muerte de Moisés, pero no lo vimos, pues está escrito en la ley del Señor: ‘Y Moisés murió por la palabra del Señor y nadie jamás conoció, hasta el día de hoy, su sepulcro’.” Y el maestro Leví dijo: “¿Y qué significa el testimonio que el maestro Simeón dio cuando vio Jesús: ‘He aquí que este está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel y como señal de contradicción’?” Y el maestro Isaac dijo: “Está escrito en la ley: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, el cual te precederá para guardarte en todo buen camino, pues mi nombre es invocado en él’.”
Entonces Anás y Caifás dijeron: “Habéis citado justamente lo escrito en la ley de Moisés, que nadie vio la muerte de Enoc y que nadie mencionó la muerte de Moisés. Pero Jesús habló a Pilato, y nosotros sabemos que lo vimos recibir bofetadas y escupitajos en el rostro; que los soldados le ciñeron una corona de espinas; que fue flagelado; que recibió sentencia por parte de Pilato; que fue crucificado en el Calvario en compañía de dos ladrones; que se le dio a beber hiel y vinagre; que el centurión Longinos abrió su flanco con una lanza; que José, nuestro honorable padre, pidió su cuerpo y que, como dijo, resucitó; que, como dicen los tres maestros, lo vieron elevarse al cielo; y, finalmente, que el maestro Leví dio testimonio de lo que el maestro Simeón dijo, y que dijo: ‘He aquí este que está puesto para la caída y resurgimiento de muchos en Israel y como señal de contradicción’.” Y todos los doctores dijeron en unísono al pueblo entero de Israel: “Si esta ira proviene del Señor y es admirable a nuestros ojos, conoced sin dar margen a dudas, oh casa de Israel, que está escrito: ‘Maldito todo aquel que está colgado de un madero’. Y otro lugar de la escritura menciona: ‘Dioses que no hicieron el cielo y la tierra perecerán’.” Y los sacerdotes y levitas dijeron entre sí: “Si su memoria perdura hasta Sommos (también conocido por el nombre de Jobel), sabed que su dominio será eterno y que hará nacer para un nuevo pueblo”. Entonces los archisinagogos, sacerdotes y levitas exhortaron a todo el pueblo de Israel diciendo: “Maldito aquel que adore cualquier obra salida de manos humanas y maldito aquel que adore las criaturas teniendo al lado al Creador”. Y el pueblo en masa respondió: “Amén, amén”.
Y todos después, en coro, cantaron el himno y cada cual se fue a casa dando gracias a Dios, porque aquel día permanece por todos los siglos de los siglos. Amén.