Evangelio de Nicodemo 13
Y mientras estaban aún sentados en la sinagoga, llenos de admiración por el caso de José, llegaron algunos de los guardias, aquellos a quienes los judíos habían encomendado a Pilatos la custodia del sepulcro de Jesús, y dijeron que no fueron sus discípulos los que lo habían sacado de allí. Y fueron a rendir cuentas a los archisinagogos, a los sacerdotes y a los levitas diciéndoles lo que sucedió; esto es, cómo “sobrevino un terremoto y vimos un ángel que descendía del cielo, que retiró la piedra de la boca de la gruta, sentándose después sobre ella. Y brilló como nieve y como relámpago. Con lo que nosotros, llenos de miedo, quedamos como muertos. Entonces oímos la voz del ángel que hablaba a las mujeres que se encontraban junto al sepulcro: `No temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; resucitó como había dicho; venid, ved el lugar donde yacía el Señor. Y ahora id rápidamente y decid a sus discípulos que resucitó de entre los muertos y que está en Galilea’.”
Los judíos entonces dijeron: “¿A cuáles mujeres hablaba él?” Los de la guardia respondieron: “No sabemos quiénes eran”. Los judíos dijeron: “¿A qué horas sucedió esto?” Los de la guardia respondieron: “A medianoche”. Los judíos dijeron: “¿Y por qué no las detuvisteis?” Los de la guardia respondieron: “Quedamos como muertos por el miedo, no creyendo que podríamos ver de nuevo la luz del día, ¿cómo íbamos a detenerlas?” Los judíos dijeron: “Dios vive y nosotros no creemos”. Los de la guardia entonces respondieron: “¿Visteis tantos signos en aquel hombre y no creísteis? ¿Cómo vais a darnos crédito? Y, con razón, habéis jurado por la vida del Señor, pues Él también vive”. Y los de la guardia añadieron: “Hemos oído decir que prendisteis a aquel que reclamó el cuerpo de Jesús, sellando la puerta, y que al abrirla no lo encontrasteis. Entregad, pues, a José y os entregaremos a Jesús”. Los judíos dijeron: “José se fue para su ciudad”. Y los de la guardia replicaron: “También Jesús resucitó, como oímos del ángel, y está en Galilea”.
Al oír estas palabras los judíos sintieron miedo y dijeron: “No dejéis que esto se propague porque si no todos se inclinarán ante Jesús”. Y, convocado el consejo, hicieron un depósito de mucho dinero y se lo dieron a los soldados, diciendo: “Decid: `Mientras dormíamos, sus discípulos vinieron de noche y lo robaron’. Y si esto llega a oídos del gobernador, le persuadiremos y os libraremos de toda responsabilidad”. Ellos cogieron el dinero y hablaron de la manera que les había sido indicada.