Evangelio de Nicodemo 11
Era la hora sexta cuando las tinieblas se cerraron sobre la tierra hasta la hora novena, por haberse oscurecido el sol; y el velo del templo se rasgó por la mitad. Jesús, entonces, con voz grave, dijo: “Padre, baddach efkid ruel”, que significa: “En tus manos entrego mi espíritu”. Y, diciendo esto, entregó su alma. El centurión, al ver lo que sucedió, alabó a Dios diciendo: “Este hombre era justo”. Y la multitud que asistía al espectáculo, al contemplar lo sucedido, comenzó a golpearse el pecho.