Evangelio de Nicodemo 1
Prólogo
Yo, ANANÍAS, protector, de jerarquía pretoriana, perito en leyes, vine a través de las divinas Escrituras a tomar conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo y me acerqué a él por la fe, y me permití recibir el santo bautismo; ahora me siento bien, después de seguir “la pista de las narraciones relativas a Nuestro Señor Jesucristo, que fueron hechas en aquella época, y que los judíos dejaron guardadas con Poncio Pilato; las encontré como estaban, escritas en hebreo, y con el beneplácito divino las traduje al griego, para conocimiento de todos los que invocan el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, durante el reinado de Flavio Teodosio, nuestro señor, en el año 17, y sexto de Flavio Valentino, en la novena indicación.
Todos, pues, cuantos lean y traduzcan esto a otros libros, recuerden y pidan por mí para que el Señor sea piadoso conmigo y me perdone los pecados que cometí contra él.
Paz a los lectores, a los oyentes y a sus servidores. Amén.
En el año décimo quinto del gobierno de Tiberio César, emperador de los romanos; en el año décimo noveno del gobierno de Herodes, rey de Galilea; en el octavo día de las calendas de abril, correspondiente al día 25 de marzo; durante el consulado de Rufo y Rubelión; en el cuarto año de la olimpiada 202; siendo, en esa época, José Caifás el sumo sacerdote de los judíos. Todo lo que Nicodemo narró con base en el tormento de la cruz y de la pasión del Señor, se lo transmitió a los príncipes de los sacerdotes y a los demás judíos después de haberlo redactado él mismo en hebreo.
Narraciones Sobre Nuestro Señor Jesucristo Compuestas en el Tiempo de Poncio Pilatos
Después de haberse reunido en consejo los príncipes de los sacerdotes y los escribas, Anás y Caifás y Semes y Dothaim y Gamaliel, Judas, Leví y Neftalí, Alexandre y Jairo y los restantes de entre los judíos se presentaron delante de Pilato acusando a Jesús de muchos hechos, diciendo: “Sabemos que él es hijo de José el carpintero y que nació de María, y se llama a sí mismo Hijo de Dios y rey; además de eso profana el sábado y aún pretende abolir la ley de nuestros padres”, les dijo Pilato: “¿Y qué es lo que hace y qué es lo que pretende abolir?” Los judíos dijeron: “Tenemos una ley que prohíbe la cura en el Sábado; pues bien, este, sirviéndose de las malas artes, curó durante el Sábado a cojos, maltrechos, ciegos, paralíticos, sordos y endemoniados”, les dijo Pilato: “Si realiza honestamente sus curas, no hace mal alguno”. Los judíos replicaron: “Si realizase sus curas honestamente, no sería mal mayor; pero para hacerlas usa la virtud de Belcebú, príncipe de los demonios, expulsa a estos y a todos los que les son sumisos”, les dijo Pilato: “Esto no es sacar a los demonios por la virtud de un espíritu inmundo, sino más bien por la virtud del dios Esculapio”.
Los judíos dijeron a Pilato: “Rogamos a tu autoridad que él sea presentado delante de tu tribunal para que pueda ser oído”. Pilato entonces los llamó y les dijo: “Decidme vosotros ¿cómo es que yo, un mero gobernador, puedo someter nada menos que a un rey a interrogatorio?” Ellos respondieron: “Nosotros no dijimos que es un rey, sino que él mismo se da ese título”. Entonces Pilato llamó al mensajero para decirle: “Que me sea presentado aquí Jesús, con toda la deferencia”. El mensajero salió, entonces, y tan pronto como lo identificó, lo adoró; después quitó el manto que llevaba en sus manos y lo extendió en el suelo, diciendo: “Señor, pasa por encima y entra, que el gobernador te llama”. Los judíos, viendo lo que el mensajero había hecho, se pusieron a gritar contra Pilato, diciendo: “¿Por qué te serviste de un mensajero para hacerlo entrar, y no de un simple pregonero? ¿Sabes que el mensajero, así que lo vio, pasó a adorarlo y extendió su manto sobre el suelo, haciéndolo caminar por encima como si fuera un rey?”
Pilato, entonces, llamó al mensajero y le dijo: “¿Por qué hiciste eso y extendiste el manto sobre el suelo, haciendo que Jesús pasara por encima?” El mensajero respondió: “Señor gobernador, cuando me enviaste a Jerusalén junto con Alexandre yo lo vi montando un burro, y los hijos de los hebreos iban aclamándolo con ramos en las manos, mientras otros extendían sus vestiduras en el suelo diciendo: `Sálvanos, tú que estás en las alturas; bendito el que viene en nombre del Señor’.”
Los judíos entonces comenzaron a gritar y dijeron al mensajero: “Los jóvenes hebreos clamaban en su lengua, ¿cómo entonces te informaste de su equivalencia en griego?” El mensajero respondió: “Le pregunté a uno de los judíos y le dije: ‘¿Qué están gritando en hebreo?’ Y él me tradujo”. Pilato les dijo: “¿Cómo suena en hebreo lo que ellos decían a grandes voces?” Los judíos respondieron: “Hosanna membrome; baruchamma; adonai”. Entonces Pilato les dijo: “¿Y qué significan Hosanna y las otras palabras?” Los judíos respondieron: “Sálvanos, tú que estás en las alturas; bendito el que viene en nombre del Señor”. Pilato les dijo: “Si vosotros mismos dais testimonio de las voces que salieron de la boca de los jóvenes, ¿qué falta cometió el mensajero?” Ellos se callaron. Entonces el gobernador dijo al mensajero: “Sal y hazlo entrar de la manera que le plazca”. Salió, entonces, el mensajero y procedió de la misma manera que anteriormente, diciendo a Jesús: “Señor, entra; el gobernador te llama”.
Mas en el momento en que Jesús entraba, los que sostenían los estandartes se inclinaron y adoraron a Jesús. Los judíos que presenciaron ese gesto de reverencia y adoración a Jesús, comenzaron a gritar denuestos contra los que portaban las banderas. Mas Pilato les dijo: “¿No os causa admiración ver cómo ellos se inclinaron y adoraron a Jesús?” Los judíos respondieron a Pilato: “Nosotros mismos vimos cómo ellos se inclinaron y lo adoraron”. El gobernador llamó entonces a los que cargaban las banderas y les dijo: “¿Por qué obrasteis así?” Ellos respondieron a Pilato: “Nosotros somos griegos y servidores de las divinidades, ¿cómo entonces iríamos a adorarlo? Sabed que, mientras estábamos erguidos, nuestros cuerpos se inclinaron por ellos mismos y lo adoraron”.
Entonces Pilato dijo a los arquisinagogos y ancianos del pueblo: “Escoged vosotros mismos algunos varones fuertes y robustos; que ellos sostengan los estandartes y veamos si estos se inclinan solos”. Entonces los ancianos escogieron de entre los judíos a doce hombres fuertes y robustos, a los cuales obligaron a sostener los estandartes en grupos de seis, y se quedaron de pie delante del tribunal del gobernador. Entonces Pilato dijo al mensajero: “Llévalo fuera del pretorio e introdúcelo nuevamente de la manera que te plazca”. Y Jesús salió del pretorio acompañado del mensajero. Pilato llamó entonces a aquellos que anteriormente estaban con los estandartes y les dijo: “Juré por la salud de César que, si los estandartes no se doblan a la entrada de Jesús, os cortaré las cabezas”. Y el gobernador ordenó nuevamente que Jesús entrara. El mensajero observó la misma conducta del inicio y rogó encarecidamente a Jesús que pasara por encima de su manto. Y caminando sobre él, entró. Mas en el momento de entrar, nuevamente los estandartes se doblaron y adoraron a Jesús.