Apocalipse Grego de Esdras 2
Apocalipse cristão bizantino (refundição grega derivada do 4 Esdras), em que o profeta Esdras debate com Deus, intercede pelos pecadores e desce ao Tártaro para ver os castigos, incluindo Herodes e o Anticristo acorrentado. É obra distinta do 2 Esdras (4 Esdras / 4 Ezra), o apocalipse judaico que está nos apêndices de algumas Bíblias
Y el profeta dijo: ¿Acaso no estaba protegido por un ángel? ¿Y su vida no era guardada por los querubines por todas las eras sin fin? ¿Cómo, entonces, fue engañado quien estaba bajo la guarda de los ángeles? Pues tú ordenaste que todos estuvieran presentes y atendieran lo que tú decías. Pero, si tú no le hubieras dado a Eva, la serpiente no la habría engañado. Sin embargo, salvas a quien quieres, y destruyes a quien quieres.
Y el profeta dijo: Vamos, mi Señor, a un segundo juicio. Y Dios dijo: Arrojé fuego sobre Sodoma y Gomorra. Y el profeta dijo: Señor, tú nos tratas conforme a lo que merecemos. Y Dios dijo: Los pecados de ustedes sobrepasan mi clemencia. Y el profeta dijo: Recuerda, mi Padre, tú que mediste Jerusalén y la reedificaste.
Ten misericordia, oh Señor, de los pecadores. Ten misericordia de tus propias criaturas. Ten compasión de tus obras. Entonces Dios se acordó de aquellos que había hecho y dijo al profeta: ¿Cómo puedo tener misericordia de ellos? Me dieron vinagre y hiel para beber, y ni aun así se arrepintieron. Y el profeta dijo: Muéstrame tus querubines, y vamos juntos al juicio. Muéstrame el día del juicio, como es.
Y Dios dijo: Te equivocaste, Esdras. Pues el día del juicio es como aquél en que no hay lluvia sobre la tierra. Comparado con aquél día, es un tribunal lleno de misericordia. Y el profeta dijo: No dejaré de interceder ante ti mientras no vea el día de la consumación. Y Dios dijo: Cuenta las estrellas y la arena del mar. Si consigues contar eso, entonces también eres capaz de interceder ante mí.
Y el profeta dijo: Señor, tú sabes que visto carne humana. ¿Cómo puedo contar las estrellas del cielo y la arena del mar? Y Dios dijo: Mi profeta elegido, nadie conocerá aquel gran día, ni la aparición que viene a juzgar el mundo. Por amor a ti, mi profeta, te he dicho el día; pero la hora no te la he dicho.
Y el profeta dijo: Señor, dime también los años. Y Dios dijo: Si veo que la justicia del mundo se multiplicó, tendré paciencia con ellos. Pero, si no, extenderé mi mano, agarraré el mundo por los cuatro ángulos, reuniré a todos en el valle de Josafá, y exterminaré la raza de los hombres, de modo que el mundo dejará de existir.
Y el profeta dijo: ¿Y cómo puede tu mano derecha ser glorificada? Y Dios dijo: Seré glorificado por mis ángeles. Y el profeta dijo: Señor, si decidiste hacer esto, ¿por qué creaste al hombre? Tú dijiste a nuestro padre Abrahán: Multiplicando, multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. ¿Dónde está tu promesa?
Y Dios dijo: Primero provocaré un terremoto para la caída de los animales de cuatro patas y de los hombres. Y, cuando veas que hermano entrega hermano a la muerte, que hijos se levantan contra los padres, que una mujer abandona a su propio marido, y cuando nación se levante contra nación en guerra, entonces sabrás que el fin está cercano.
Pues entonces ni hermano tendrá pena de hermano, ni hombre de su esposa, ni hijos de los padres, ni amigos de amigos, ni el esclavo de su señor. Pues aquél que es el adversario de los hombres subirá del Tártaro y mostrará muchas cosas a los hombres. ¿Qué haré de ti, Esdras? ¿Todavía vas a interceder ante mí? Y el profeta dijo: Señor, no dejaré de interceder ante ti.
Y Dios dijo: Cuenta las flores de la tierra. Si consigues contarlas, entonces también eres capaz de interceder ante mí. Y el profeta dijo: Señor, no consigo contarlas. Visto carne humana; pero no dejaré de interceder ante ti. Deseo, Señor, ver también las partes más profundas del Tártaro. Y Dios dijo: Desciende y ve. Y me dio a Miguel, Gabriel y otros treinta y cuatro ángeles. Descendí ochenta y cinco escalones, y ellos me llevaron para abajo quinientos escalones, y vi un trono de fuego, con un anciano sentado en él; y su juicio no tenía misericordia.